
Presentada en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes 2025, Amor apocalipsis confirma a Anne Émond como una de las voces más singulares del cine canadiense contemporáneo. Tras títulos como Les êtres chers y Nelly, la directora desplaza aquí su mirada hacia una comedia romántica atravesada por la ecoansiedad y el absurdo, sin renunciar a la densidad emocional que caracteriza su filmografía.

Adam (Patrick Hivon) es un antihéroe entrañable, dueño de una perrera, hipersensible, deprimido, aún sometido a la figura paterna y paralizado ante el colapso ambiental. Su compra de una lámpara de fototerapia, detona un vínculo inesperado con Tina (Piper Perabo), la voz del servicio técnico de la lampara. La película juega inicialmente con la ambigüedad, ¿es Tina real?, ¿es una proyección, una inteligencia artificial, un espejismo afectivo en tiempos de hiperconectividad? Esa incertidumbre evoca ecos contemporáneos como Her, aunque Émond opta menos por la especulación tecnológica que por la fábula sentimental.

Lo que podría haber sido un relato sobre alienación digital se transforma en una odisea romántica improbable, con tormentas y un clima apocalíptico que funciona tanto como metáfora como atmósfera concreta. El título original, Peak Everything, remite al agotamiento de recursos y horizontes, es allí donde el amor aparece entonces como energía residual, como último refugio frente al colapso. En ese sentido, la película dialoga con la tradición de la comedia romántica excéntrica, pero filtrada por la fragilidad psíquica y la crisis climática.
Formalmente, la película apuesta por un tono agridulce, mediante un humor disparatado, momentos de ternura genuina y una puesta en escena que convierte la ecoansiedad en textura cotidiana. Lejos del melodrama, Amor apocalipsis propone que, en una época saturada de catástrofes, el amor no es escapismo sino un acto de resistencia íntima.
