
Dos mujeres de oro (Deux femmes en or), dirigida por Chloé Robichaud y escrita por Catherine Léger a partir de su propia obra, actualiza la comedia sexual hacia un terreno más incómodo y político, el del agotamiento femenino en la era del rendimiento.

Violette y Florence, vecinas, profesionales exitosas y madres de familia, encarnan una paradoja contemporánea, lo tienen todo, pero la felicidad no aparece. La película parte de esta insatisfacción difusa para ensayar una hipótesis provocadora, ¿y si el deseo fuera el verdadero gesto emancipador? Lo que comienza como una fantasía trivial (una aventura con el repartidor) se transforma en una pequeña insurrección contra la moral productivista que organiza sus vidas.

Robichaud desplaza la comedia hacia un registro irónico y lúcido. La puesta en escena, apoyada en la fotografía elegante de Sara Mishara, crea un universo luminoso que contrasta con el vacío interior de las protagonistas. Todo parece funcionar —hogares, carreras, rutinas—, salvo el deseo.

No se trata de glorificar la infidelidad ni de demonizar la estabilidad, sino de interrogar el modelo de éxito que convierte el goce en culpa. La aventura sexual funciona como catalizador, pero el núcleo dramático reside en la amistad entre las dos mujeres.

La cinta dialoga con debates actuales sobre libertad femenina, deseo y autoexigencia neoliberal. Robichaud firma una comedia inteligente y provocadora que convierte la búsqueda de placer en un acto político mínimo pero significativo.
