
Ailton Krenak
La crisis ecológica contemporánea ha provocado un desplazamiento profundo en las formas de pensar el arte, la vida y la relación entre los seres humanos y el planeta. En este contexto, el pensamiento de Ailton Krenak se plantea como horizonte conceptual capaz de dialogar con prácticas artísticas contemporáneas. Su filosofía propone una transformación de la relación entre cultura y naturaleza, cuestionando la separación ontológica que ha sustentado la modernidad y abriendo la posibilidad de imaginar otras formas de sensibilidad, conocimiento y creación. En este sentido, el bioarte latinoamericano puede leerse como un campo experimental que, desde el arte, ensaya muchas de las intuiciones filosóficas que Krenak formula desde la experiencia indígena.

Ailton Krenak
Uno de los núcleos del pensamiento de Krenak es la crítica a la invención moderna de la “naturaleza”. Según el autor, la naturaleza no es una realidad preexistente que el ser humano observa desde afuera, sino una construcción cultural surgida cuando la sociedad occidental decidió separarse del mundo que la sostiene. La naturaleza sería entonces “hija de la cultura”, una categoría que permite justificar su dominación y explotación.

Al crear esta distinción, el pensamiento occidental se coloca fuera del organismo vivo que es la Tierra, adoptando una posición de observador y administrador de la vida planetaria. Para Krenak, esta separación constituye el origen de la crisis ecológica contemporánea, al concebir el planeta como un objeto manipulable, la modernidad desencadenó procesos industriales y extractivistas que transformaron las condiciones de la vida en la biosfera.

Ailton Krenak
Frente a este paradigma, Krenak propone recuperar una visión biocéntrica en la que la humanidad deje de ocupar el centro del universo moral. En sus reflexiones, la Tierra aparece como un organismo vivo, una entidad inteligente con la que los seres humanos mantienen relaciones de reciprocidad y pertenencia. La vida, en esta perspectiva, es un tejido de interdependencias que vincula a humanos, animales, plantas, ríos, montañas y espíritus. De allí su afirmación de que pertenecer a un lugar no significa poseerlo, sino formar parte de él, ser una extensión del paisaje y de sus ciclos.

Ailton Krenak
Este desplazamiento ontológico tiene implicaciones para el campo artístico. El bioarte latinoamericano —entendido como un conjunto de prácticas que trabajan con organismos vivos, procesos biológicos y ecosistemas— puede interpretarse como un intento de reconfigurar la sensibilidad estética desde esa misma conciencia de interdependencia. A diferencia de ciertas vertientes del bioarte desarrolladas en el contexto europeo o norteamericano, donde la biotecnología suele aparecer asociada a la manipulación experimental de la vida, muchas propuestas latinoamericanas se orientan hacia una reflexión crítica sobre la relación entre cultura, territorio y ecología.

Marcela Armas
Un ejemplo es el trabajo de la artista Marcela Armas, cuya práctica explora las relaciones entre energía, materia y territorio. En proyectos como I-Machinarius, Armas investiga los procesos de extracción minera y sus implicaciones ecológicas mediante dispositivos que ponen en circulación minerales, corrientes eléctricas y procesos químicos. Aunque su obra no siempre se inscribe estrictamente en el bioarte biotecnológico, introduce una dimensión ecosistémica que cuestiona el paradigma extractivista denunciado por Krenak.

Gilberto Esparza
De manera más directa, el artista mexicano Gilberto Esparza ha desarrollado proyectos que utilizan microorganismos vivos para intervenir en contextos ambientales degradados. En obras como Nomadic Plants y Plantas autofotosintéticas, Esparza diseña organismos híbridos —compuestos por bacterias, sistemas electrónicos y estructuras mecánicas— capaces de procesar aguas contaminadas y generar energía. Estas piezas funcionan como pequeños ecosistemas artificiales que evidencian la interdependencia entre tecnología y vida, proponiendo una visión del arte como laboratorio ecológico.

Joaquín Fargas
El trabajo de Joaquín Fargas desarrolla proyectos que combinan biotecnología, robótica y ecología para reflexionar sobre el futuro de la vida en el planeta. Obras como Biosphere o Proyecto Glaciator investigan la relación entre organismos vivos y entornos extremos, proponiendo instalaciones que funcionan como sistemas ecológicos artificiales capaces de adaptarse a condiciones climáticas cambiantes.

Joaquín Fargas
Por otro lado la artista e investigadora Giselle Beiguelman ha desarrollado proyectos que exploran las relaciones entre cultura digital, ecología y memoria biológica. Sus obras investigan cómo las tecnologías contemporáneas transforman la percepción del cuerpo y del ambiente, introduciendo reflexiones sobre la obsolescencia tecnológica y la materialidad de los sistemas vivos. Aunque su práctica se sitúa entre el arte digital y la ecología mediática, comparte con el bioarte una preocupación por los procesos materiales que sostienen la vida en un entorno tecnificado.

Ana Teresa Barboza
Asimismo, artistas como Ana Teresa Barboza han desarrollado proyectos que investigan la relación entre prácticas textiles, ecologías locales y saberes ancestrales. En colaboraciones con comunidades campesinas en Perú, Barboza trabaja con fibras naturales, pigmentos vegetales y procesos agrícolas que ponen en diálogo arte contemporáneo y conocimiento ecológico tradicional.

Guto Nóbrega
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Estas prácticas artísticas dialogan profundamente con las reflexiones de Krenak sobre el capitalismo global y su lógica de desarrollo ilimitado. Para el pensador brasileño, la idea de progreso que dominó el siglo XX se basa en una ilusión, la de la creencia de que la Tierra puede sostener indefinidamente el crecimiento económico y la expansión tecnológica. En realidad, sostiene Krenak, la riqueza del mundo se encuentra en los ríos, los bosques y las montañas, no en las grandes ciudades ni en las industrias financieras.

El bioarte latinoamericano comparte esta preocupación por las formas contemporáneas de extractivismo y por las transformaciones ecológicas producidas por el capitalismo. Muchas obras investigan la relación entre minería, agricultura industrial, biopolítica y destrucción ambiental, revelando cómo la vida misma se ha convertido en un campo de explotación económica. Al trabajar con bacterias, semillas, suelos o ecosistemas, los artistas introducen en el espacio del arte procesos vitales que normalmente permanecen invisibles dentro de la lógica productiva. Así, el arte se convierte en un laboratorio sensible donde se hace perceptible la complejidad de las relaciones ecológicas.

Gilberto Esparza
Otro aspecto del pensamiento de Krenak que encuentra resonancia en el bioarte es la idea de que el conocimiento no pertenece exclusivamente al ámbito humano. En las cosmologías indígenas que el autor evoca —como las de los pueblos Yanomami o Guaraní— el mundo está habitado por múltiples formas de inteligencia, los espíritus, los animales, las plantas y las fuerzas cósmicas que interactúan con los seres humanos. Estas cosmologías implican una concepción radicalmente plural del conocimiento, en la que el saber emerge de la relación con otros seres y no de la dominación sobre ellos.

Gilberto Esparza
El bioarte latinoamericano ha explorado precisamente esta dimensión interespecie del conocimiento. Al colaborar con organismos vivos o al investigar procesos biológicos complejos, los artistas reconocen que la creatividad es una propiedad emergente de los sistemas vivos. La obra de arte se convierte entonces en un espacio de interacción entre distintas formas de vida, donde el artista actúa como un mediador dentro de una red ecológica.

Eduardo Viveiros de Castro
Esta perspectiva se vincula con el concepto de “perspectivismo amerindio”, desarrollado por el antropólogo Eduardo Viveiros de Castro, quien ha mostrado cómo muchas cosmologías indígenas conciben a los animales y a los espíritus como sujetos dotados de perspectivas propias. Para Krenak, esta pluralidad de miradas constituye una herramienta conceptual para comprender el presente, en un mundo marcado por la crisis ecológica, la supervivencia de la humanidad depende de su capacidad para reconocer la existencia de otras formas de vida y otras maneras de habitar el planeta.

Gilberto Esparza
El bioarte latinoamericano puede entenderse como una práctica estética que intenta materializar esta multiplicidad de perspectivas. Las obras incorporan procesos vitales en su propio funcionamiento, generando situaciones en las que la frontera entre arte y naturaleza se vuelve inestable. En este sentido, el bioarte se aproxima a la idea de Krenak de que la selva, los ríos o las montañas no son objetos pasivos, sino entidades vivas con agencia propia.

Guto Nóbrega
Krenak ha insistido en que la humanidad necesita aprender nuevamente a “caminar suavemente sobre la Tierra”. Esta metáfora resume una ética de la modestia y del cuidado que se opone a la lógica extractivista del capitalismo contemporáneo. El bioarte latinoamericano, al explorar las relaciones entre organismos, territorios y tecnologías, participa de este mismo esfuerzo por imaginar modos de existencia más sensibles a la fragilidad de la vida.
