
En Gracias por operar con nuestro banco (2024), la cineasta Laila Abbas construye una comedia negra de ritmo preciso que, bajo la apariencia de una fábula doméstica, despliega una crítica punzante a las estructuras patriarcales que regulan la vida cotidiana. Lejos de centrarse directamente en el conflicto geopolítico que atraviesa Palestina, la película encuentra su campo de batalla en el interior de una familia, allí donde la ley, la costumbre y el afecto se tensan hasta volverse irreconciliables.

El punto de partida es tan simple como devastador, tras la muerte del padre, las hermanas Mariam (Clara Khoury) y Noura (Yasmine Al Massri) descubren que, según la ley islámica, su hermano —ausente desde hace años— tiene derecho a recibir el doble de la herencia. Lo que sigue es una carrera contrarreloj que combina el duelo suspendido, la burocracia kafkiana y una serie de decisiones desesperadas que bordean lo ilegal.

La película se sostiene sobre dos movimientos paralelos. Por un lado, el deambular de las hermanas por bancos, oficinas y calles de Ramallah, enfrentándose a un sistema que las reduce a una condición secundaria. Por otro, el progresivo desmontaje de la relación entre ambas, lo que comienza como una alianza forzada se convierte en un reconocimiento mutuo. Mariam, atrapada en un matrimonio que la anula, y Noura, marcada como la “oveja negra” por su independencia, descubren que sus diferencias son, en realidad, variaciones de una misma opresión.

Abbas maneja con destreza un tono híbrido que oscila entre el humor ácido y el desencanto. Hay momentos de ironía que contrastan con la crudeza de un sistema que obliga a las mujeres a “robar” lo que les pertenece para no quedar desamparadas.

Rodada antes del recrudecimiento reciente de la violencia en Cisjordania, la película captura una cotidianidad atravesada por tensiones latentes, la de marchas, noticieros, rumores que se filtran en segundo plano. Sin embargo, Abbas elige no subrayar ese contexto, sino integrarlo como una atmósfera que condiciona las decisiones de sus personajes. El resultado es una imagen compleja de la vida palestina.

Gracias por operar con nuestro banco es una reflexión sobre el valor del cuidado. La herencia, aquí, deja de ser un asunto económico para convertirse en un campo de disputa simbólica ¿quién tiene derecho a lo que se construyó en común? ¿quién decide qué vidas cuentan?
