
¿Qué sucede cuando el cuerpo deja de entenderse únicamente como organismo biológico y comienza a operar como interfaz sensible entre datos, percepción, tecnología y territorio? Desde hace más de dos décadas, la plataforma mexicana Bioscénica investiga precisamente esa pregunta a través de proyectos que cruzan artes vivas, bioarte, robótica, neurociencia, ecología y procesos colaborativos. En un panorama cultural donde las fronteras entre disciplinas se vuelven cada vez más inestables, Bioscénica se ha consolidado como uno de los espacios más importantes de experimentación transdisciplinaria en América Latina.
Dirigida por Minerva Hernández Trejo, junto con Myriam Beutelspacher y Alejandro Ortiz González, Bioscénica desarrolla una metodología que articula procesos científicos, tecnológicos y performáticos bajo el formato de laboratorio abierto. Su trabajo combina creación escénica, investigación artística, divulgación científica y reconstrucción comunitaria mediante experiencias donde el cuerpo aparece como un territorio expandido de percepción y experimentación.

Bioscénica entiende a la tecnología como una extensión sensorial capaz de transformar la experiencia humana. Sus líneas de investigación integran interfaces biofísicas, neurocientíficas y robóticas aplicadas a las artes vivas, explorando conceptos como “cuerpo sonoro”, “cuerpo visual” y “cuerpo espacial”. En estas prácticas, el cuerpo funciona como una red de señales, datos biométricos y flujos afectivos conectados con sistemas tecnológicos y entornos ecológicos.
La plataforma opera a través de dos programas, LabCo y LabCet. Ambos funcionan como espacios de creación colectiva donde convergen artistas, científicos, filósofos, ingenieros, activistas y comunidades locales.
LabCo —Laboratorio Colaborativo Comunitario— desarrolla proyectos de formación e investigación vinculados al territorio, las tradiciones, las humanidades ambientales y el uso crítico de tecnologías digitales. Sus metodologías buscan generar procesos comunitarios donde el arte funcione como herramienta de reconstrucción social y sensibilidad ecológica. En proyectos como Re-Vivamos Tepepan, realizado junto a colectivos y habitantes de Xochimilco, Bioscénica articuló memoria colectiva, cartografía afectiva y prácticas artísticas para fortalecer vínculos comunitarios y recuperar narrativas territoriales amenazadas por la urbanización y el deterioro ambiental.
Por otro lado, LabCet —Laboratorio de Creación Escénica Transdisciplinario— funciona como un espacio experimental donde artistas y especialistas desarrollan obras híbridas desde metodologías colaborativas de co-creación. Allí convergen artes visuales, filosofía, arte sonoro, robótica, ciencia y performance para producir experiencias inmersivas donde el cuerpo interactúa con datos biológicos, sistemas audiovisuales y dispositivos tecnológicos.

Uno de los proyectos fue Empatía 5.0 // DH y Epigenética, una investigación colectiva que exploró la relación entre cuerpo, genética, memoria y comportamiento humano. Poetas, performers, físicos, artistas electrónicos, biólogos y activistas participaron en un laboratorio donde la epigenética funcionó como metáfora de las huellas invisibles que atraviesan los cuerpos contemporáneos.
Bioscénica trabaja desde la idea de que la subjetividad humana ya no puede entenderse separada de las tecnologías y sistemas informacionales que organizan la percepción contemporánea. En sus proyectos, los datos biométricos son materia poética. Pulsaciones, respiraciones, movimientos y señales bioeléctricas se transforman en paisajes sonoros, visuales y performáticos que expanden la percepción del cuerpo más allá de sus límites físicos. El organismo humano deviene interfaz sensible entre materia biológica y entornos digitales.
La exposición Espacios de Especies, realizada en el Centro de Cultura Digital, se muestran las relaciones entre organismos, sistemas artificiales y entornos híbridos.
Sus proyectos desmontan las divisiones rígidas entre arte y ciencia. La plataforma busca generar experiencias críticas de percepción expandida.
Bioscénica insiste en que el cuerpo continúa siendo un espacio político y poético. Sus proyectos recuerdan que toda tecnología transforma nuestra manera de sentir, percibir y habitar el mundo.
