
Abrir la caja, abrir una primavera
Mónica Martz M.
Hay objetos que fueron hechos para ser habitados, para entrar en ellos como quien entra en una casa de preguntas. Esta Primavera Abriente / This Opening Spring, de Josema Zamorano, es esa categoría de obras que cuestionan la manera en que miramos, pensamos y nos relacionamos con el mundo. Este libro-caja surge de una pregunta: ¿por qué necesitamos imaginar otras formas de existir en un mundo atravesado por múltiples crisis? La respuesta de Josema no está en una teoría cerrada, sino en un proceso de búsqueda, experimentación y sensibilidad. Este proyecto, nace durante la primavera de 2020, en medio de la pandemia del COVID-19, cuando todos tuvimos que detenernos y mirar de otra manera lo incuestionable. A mí me parece muy bello que a partir de la incertidumbre, las caminatas cotidianas, la observación del entorno, la escritura de poemas y reflexiones, Josema comenzó a construir un archivo íntimo detonando una crítica a la modernidad. Esta Primavera Abriente; es una investigación poética y filosófica sobre la manera en que construimos conocimiento. Su punto de partida es una pregunta: ¿qué tipo de mundo hemos creado a partir de nuestra forma de mirar?

Frente a la velocidad, Josema propone un gesto político: detenerse, mirar. respirar; abrir lentamente la caja del libro como abrir una ventana después de una tormenta. No es casual que Josema utilice la palabra imag(e)ning, ese juego entre imaginar, imagen y hacer imágenes. Porque aquí la imagen deja de ser un objeto terminado para convertirse en un caleidoscopio podría decir que de “ternura”; que es algo que me parece hay que rescatar constantemente en nuestra vidas.
La imagen sucede, piensa, duda. Y quizá esa sea una de las mayores virtudes del libro: devolverle a la imaginación el tiempo que la tecnología parece haberle robado. Este libro reivindica la lentitud como forma de conocimiento, y nos devuelve a la sabrosura del “no hacer” de Chul Han. Nos recuerda que una sola imagen puede contener un universo entero cuando ha sido verdaderamente habitada. Esto también me recuerda a Bachelard en su “Poética del espacio” en donde los espacios se miden por las ensoñaciones y los recuerdos que albergan.
Las referencias a Whitman en el libro me hacen recordar su frase: «Yo soy inmenso, contengo multitudes.» Esa frase atraviesa estas páginas: contiene fotografía y poesía, ensayo y silencio, español e inglés, naturaleza y tecnología, memoria y futuro. Es decir, el pensamiento no está separado de la experiencia sensible. Ambos entienden que el mundo no puede reducirse a categorías fijas porque la realidad siempre desborda cualquier clasificación.

Pero este libro también posee un espíritu dadaísta; en su manera de desconfiar de las certezas. Recordemos que, en plena devastación de la Primera Guerra Mundial, Tristan Tzara afirmaba que el arte debía romper el lenguaje para impedir que este siguiera justificando el desastre. Hoy, frente a otras formas de devastación, Josema propone una ruptura distinta pero igualmente necesaria: romper la obediencia visual.
Aquí las páginas funcionan como pequeños collages conceptuales. Cada fragmento interrumpe el anterior. Cada texto dialoga con la imagen mientras al mismo tiempo la contradice. Como en el dadaísmo, el montaje deja de ser una técnica para convertirse en una forma de pensamiento. Las asociaciones inesperadas nos obligan como lector a abandonar la comodidad de las interpretaciones únicas. Flores Warholeanas, ecuaciones del tiempo y la vida, pensamientos, collage y un pestañeo al último libro de Josema Nahui Ollin or the Psysics of Desire.
Quizá por eso el libro insiste tanto en la materialidad. Es un objeto que debe abrirse, sentirse, desplegarse. Recupera algo que la pantalla casi ha olvidado: la experiencia física de leer, leer, leer. Cada apertura modifica el recorrido.
Yo me pregunté : ¿Cuál es la primavera de la que habla el título? No es una estación del calendario, pero tal vez es un estado de apertura o una disposición para dejar que las cosas florezcan sin imponerles un significado u otra manera de imaginar el misterio.
Este libro nos recuerda que la manera en que vemos nunca es completamente inocente. Las imágenes han participado en procesos de dominación, en la construcción de categorías sociales y en una visión extractivista de la naturaleza, donde la tierra aparece como un conjunto de recursos disponibles para ser explotados. Por eso hay que recorrer los pasajes naturalistas a los que se nos invita y simplemente estar ahí, como en la naturaleza, soltarse.
El libro-caja se construye desde la experimentación. La fotografía, la poesía visual, el texto, el collage y la composición material tienen el mismo valor como formas de investigación. No existe una separación entre teoría y práctica, entre pensamiento y creación. Se propone una filosofía que se construye con las manos, con los ojos y con la experiencia cotidiana.

Por eso, insisto, hay una conexión con la tradición de las vanguardias artísticas y especialmente con el espíritu del dadaísmo: la necesidad de romper estructuras establecidas para encontrar otras formas de comprender la realidad, cuestionando los lenguajes dominantes y proponiendo que el azar haga su trabajo.
Aunque tiene vínculos con el fotolibro, se distancia de la idea tradicional de una secuencia cerrada de imágenes. Es un libro expandido, un dispositivo de pensamiento, una caja de posibilidades. Su forma física es parte de su discurso: abrir, tocar, mover, reorganizar, son acciones que contradicen la lógica inmediata de la pantalla y recuperan la experiencia corporal de relacionarnos con una obra.
Esta Primavera Abriente, finalmente nos propone mirar de nuevo, recuperar una relación más sensible con las imágenes, con la naturaleza y con nosotros mismos. Es una propuesta para desmontar certezas y abrir espacios donde todavía sea posible creer en futuros diferentes. Imaginar nunca fue únicamente fabricar representaciones, también significa cuidar, escuchar, esperar. Relacionarnos con aquello que todavía no tiene forma.

Desprogramar la mirada
Un comentario en relación al libro objeto Esta primavera abriente de Josema Zamorano
Bruno Bresani
Esta primavera abriente pone en crisis la idea misma del libro. Estamos acostumbrados a pensar en un principio, un desarrollo y un final, aquí ocurre lo contrario.
Lo que Josema Zamorano nos presenta es un dispositivo de pensamiento, una caja que contiene fragmentos que pueden reorganizarse continuamente.
Lo primero que encontramos es una caja que se abre, donde las piezas salen, se pueden tocar, mover, reorganizar. No existe un recorrido obligatorio. Cada quien construye su propio montaje. Cada lector construye un recorrido distinto y, por lo tanto, un libro distinto.
Este libro nos devuelve una libertad que parece muy sencilla, pero que hoy resulta central, la posibilidad de decidir nuestro propio recorrido.

Ese gesto puede parecer formal, pero en realidad es profundamente político.
Josema plantea una relación entre fotografía, modernidad y crisis ecológica, la crítica del libro es también ambiental, política y visual. En este sentido resuenan autores como Enrique Leff, Bruno Latour o incluso Hito Steyerl, quienes han mostrado que las imágenes son actores que participan activamente en la organización del mundo.
Josema nos cuenta que este proyecto comenzó durante la primavera de 2020, cuando el mundo se había detenido y, por primera vez en mucho tiempo, volvimos a caminar sin un destino claro.
En esas caminatas aparecieron fotografías, poemas, notas, collages y dibujos. La obra aquí aparece después, como consecuencia de una práctica cotidiana de mirar, caminar, escribir y experimentar.

La pregunta que atraviesa todo el proyecto es: ¿Qué pasaría si la cámara no fuera solamente un aparato para registrar el mundo? ¿Y si la cámara también hubiera contribuido a construir la forma en que entendemos ese mundo?
Normalmente pensamos que la fotografía documenta la realidad, Josema invierte esa relación. Nos propone pensar que la fotografía también fabrica una determinada idea de la realidad.
Esta idea se conecta con Vilém Flusser, quien afirmaba que la cámara es un aparato que programa nuestras posibilidades de producir imágenes. En Esta primavera abriente se plantea que la cámara programa una manera de conocer basada en la clasificación, la medición, el dato y el control. Y esa idea tiene consecuencias, porque la historia de la fotografía está ligada a la cartografía, al archivo, a la estadística, al control del territorio, a la vigilancia.
Es decir, la fotografía produjo una manera de conocer y esa manera de conocer es una de las responsables de las crisis que vivimos. La crisis ambiental, la crisis de la representación, la obsesión contemporánea por convertir toda experiencia en datos.

Este libro utiliza a la fotografía para poner en crisis a la propia fotografía. Las imágenes aparecen constantemente intervenidas. Se mezclan con dibujos, con escritura, con collage, con manchas, con fragmentos, con poemas. Nunca permanecen estables, todo parece estar en transformación.
Dejamos de buscar una imagen correcta, empezamos a establecer relaciones.
Por otro lado el libro nos llevan a Aby Warburg, en su Atlas Mnemosyne. Warburg decía que las imágenes piensan cuando entran en contacto unas con otras, no aisladas, sino reunidas. Cada pieza cambia dependiendo de la que tenga al lado. Los poemas modifican el sentido de las fotografías, los collages alteran la lectura de los textos, las fotografías responden a dibujos hechos años después. El libro entero funciona como un gran montaje.
Y allí es podemos encontrarnos a Rayuela, donde el orden nunca está completamente decidido, donde cada lectura reorganiza el libro, donde cada lector construye otro libro distinto.

Esta primavera abriente, introduce incertidumbre, poesía, juego, azar, error, es decir, recupera aquello que ningún algoritmo puede terminar de calcular. Lo que nos propone el libro es cambiar nuestra relación con las imágenes. Pasar del control al encuentro, de la clasificación a la imaginación, de la predicción a la experiencia.
Quizá por eso el título me parece tan hermoso.
No dice La primavera. Dice Esta primavera abriente. «Abriente» no existe como palabra normativa. Es una palabra inventada. Y justamente por eso funciona, porque no habla de algo terminado, habla de algo que está ocurriendo, que continúa abriéndose, como las imágenes, como los libros, como el pensamiento.
Este proyecto nos recuerda que todavía existen libros capaces de modificar nuestra manera de mirar, porque transforman nuestra experiencia.
Esta primavera abriente es una investigación artística realizada con imágenes. Un ensayo visual que entiende el montaje como una forma de conocimiento y el libro como un espacio que es posible pensar lentamente.

