
Vivimos en una época marcada por la aceleración permanente, se nos exige inmediatez, las plataformas de streaming nos conducen a consumir imágenes sin pausa y el tiempo parece comprimirse en una sucesión interminable de estímulos. En este contexto, asistir a una retrospectiva dedicada a Yasujirō Ozu representa aceptar una invitación a desacelerar la mirada, a descubrir la profundidad de los gestos mínimos y a reconocer que la intensidad del cine puede encontrarse en aquello que aparentemente no sucede.
La Cineteca Nacional, en colaboración con la Fundación Japón México, presenta hasta el 2 de agosto de 2026 una retrospectiva integrada por doce películas que recorren más de tres décadas de la obra del cineasta japonés, desde sus primeras producciones silentes hasta sus últimas realizaciones en color. El ciclo reafirma el compromiso de ambas instituciones por acercar al público mexicano a las grandes tradiciones cinematográficas de Japón.

Durante la inauguración del ciclo, el embajador de Japón en México, Kozo Honsei, definió a Ozu como un observador privilegiado de la vida cotidiana, capaz de retratar la sociedad japonesa de la posguerra con una sensibilidad profundamente humana. Sus películas hablan de familias, despedidas, silencios, comidas compartidas, padres e hijos que apenas logran expresar aquello que sienten. Sin grandes acontecimientos ni espectacularidad narrativa, Ozu construyó una obra donde el tiempo mismo se convierte en protagonista.
Quizá por ello el filósofo Gilles Deleuze identificó en el cine de Ozu una de las expresiones más claras de la llamada imagen-tiempo, creando un cine donde la acción deja de dominar la narración y donde el espectador es invitado a contemplar la duración, la espera y el paso inevitable de la existencia. En sus planos fijos, sus célebres encuadres a baja altura y sus silencios cuidadosamente construidos, Ozu transforma la cotidianidad en una experiencia estética y filosófica.

En tiempos dominados por algoritmos que deciden qué mirar y cuándo hacerlo, regresar a la sala oscura para contemplar el cine de Ozu resiste la lógica del consumo acelerado porque exigen paciencia, observación y disposición para escuchar aquello que ocurre entre los diálogos. Nos recuerdan que la emoción no siempre necesita grandes conflictos y que la belleza puede encontrarse en una tetera sobre una mesa, en un pasillo vacío o en la pausa antes de una despedida.
Asistir a esta retrospectiva es reivindicar la experiencia colectiva del cine frente a la fragmentación de las pantallas personales y permitir que la contemplación sustituya a la velocidad cotidiana.
Hasta el 2 de agosto de 2026, en la Cineteca Nacional México (Xoco)
