
En el marco de los encuentros del Seminario RC14 de Zona de Riesgo, la artista Lizette Abraham compartió su investigación que sitúa al cuerpo y la materia en un territorio de transformación constante. Su práctica, desarrollada a partir de la experimentación con biotextiles y fotografía, propone una relación íntima entre materialidad, paisaje, identidad y memoria.
Después de años de explorar las posibilidades de las telas, Abraham comenzó a producir sus propios materiales a partir de sustancias biodegradables. La artista construye lo que denomina “pieles”, “interfaces” y “membranas”, superficies frágiles que posteriormente introduce en el espacio fotográfico para hacerlas dialogar con su cuerpo.
En estas imágenes, el cuerpo deja de ser una figura estable. Se cubre, se prolonga, se deforma y se confunde con el material. La artista habita sus biotextiles al mismo tiempo que permite que éstos la habiten. De esta manera, la fotografía se convierte en un laboratorio donde luz, textura, color, movimiento y corporalidad producen identidades pasajeras y mutables.

En su proceso las membranas pueden romperse, craquelarse, caer o adquirir tonalidades inesperadas. La artista en lugar de corregir estas contingencias, las integra como parte de su investigación. El error y la fragilidad en este sentido se convierten en agentes de creación.
Su trabajo reciente amplía esta exploración mediante flores recolectadas durante caminatas por su entorno cotidiano. Flores caídas y destinadas a desaparecer son cocinadas e incorporadas al biotextil, adquiriendo una segunda existencia como superficie, objeto y posteriormente como imagen. La operación transforma un elemento orgánico efímero en una materia fotográfica, estableciendo un tránsito entre muerte, transformación y permanencia.
Esta lógica se vuelve más compleja en su experimentación con cenizas. A partir de una colaboración con la artista Mónica Martz M, quien leyó sus poemas sobre el dolor y la pérdida para posteriormente quemarlos quedando en cenizas. Es en ese momento donde Abraham recupera las cenizas para convertirlas nuevamente en materia. El residuo de la palabra se transforma entonces en biotextil y posteriormente en una estructura corporal.

La ceniza introduce una dimensión política y afectiva en el proyecto. Asociada por la artista con las infancias vulnerables y la violencia de la guerra, la materia deja de ser únicamente un elemento experimental para convertirse en vestigio. El cuerpo construido con cenizas aparece como una presencia frágil, como una forma que conserva algo de aquello que ya no está.
A esta genealogía de materiales se suma ahora la investigación con semillas de achiote, maíz y amaranto. Si las cenizas representan la muerte y las flores un estado intermedio de transformación, las semillas introducen la posibilidad del nacimiento y la regeneración. El proyecto comienza así a construir una especie de ciclo material donde destrucción, memoria, vida y transformación permanecen conectadas.
Una de las propuestas de Abraham reside en no cerrar prematuramente sus procesos. Su práctica funciona como un laboratorio abierto en el que cada material plantea otras preguntas, llevándola a ver qué le permite hacer, qué se lo impide, cómo responden al calor, al cuerpo, a la luz o al movimiento. La obra aparece entonces como el resultado provisional de una conversación entre la artista y una materia que también posee capacidad de decisión.

El diálogo surgido durante el encuentro abrió una posible expansión hacia la danza y las artes escénicas, dejándonos imaginar vestuarios construidos con estos materiales que, durante una acción performática, se deterioren, se rompan o desaparezcan progresivamente. La propuesta desplaza la investigación del espacio fotográfico hacia un cuerpo en movimiento y convierte la degradación material en parte de la dramaturgia.
En la obra de Lizette Abraham, la fotografía es un espacio de mutación. Allí, una flor puede convertirse en piel, una ceniza en cuerpo, una semilla en tejido y un accidente en una nueva posibilidad formal. Su investigación propone pensar la materia como memoria viva, donde una materia se transforma, desaparece, deja rastros y vuelve a comenzar.
En este sentido Abraham construye condiciones para que el cuerpo se vuelva materia y para que la materia pueda, a su vez, construir otros cuerpos.
