
Cohabiter, Canadá, 2024, 75 min.
D y G: Halima Elkhatabi.
Convivir observa uno de los fenómenos más característicos de las grandes ciudades contemporáneas, la dificultad de construir comunidad en un contexto marcado por la precariedad habitacional. Halima Elkhatabi convierte un gesto cotidiano en una aguda radiografía de los vínculos afectivos en el capitalismo urbano.
El primer largometraje documental de la cineasta canadiense Halima Elkhatabi, construye una reflexión lúcida sobre la vida urbana, la fragilidad de los vínculos contemporáneos y las nuevas formas de habitar la ciudad.
La película parte de una situación que millones de personas experimentan cotidianamente, la de abrir la puerta de casa para entrevistar a un desconocido con quien, quizá, se compartirá el espacio más íntimo de la existencia. Lo que en principio parece un procedimiento administrativo termina revelándose como un complejo ritual de observación mutua, donde cada conversación pone en juego expectativas, prejuicios, deseos y temores.

Las entrevistas entre posibles roommates funcionan como pequeñas escenas de negociación afectiva. ¿Qué significa vivir con otra persona? ¿Hasta dónde llegan los límites de la privacidad? ¿Qué hábitos son negociables y cuáles definen nuestra identidad? A través de estas preguntas, Elkhatabi desplaza el interés desde el mercado inmobiliario hacia la dimensión humana del problema habitacional.
Sin recurrir al dramatismo ni a la denuncia explícita, Convivir deja entrever las condiciones estructurales que atraviesan la vida en Montreal y, por extensión, en muchas ciudades contemporáneas donde el incremento del costo de la vivienda ha convertido la convivencia compartida en una necesidad antes que en una elección. El hogar deja de ser únicamente un espacio de refugio para convertirse en un escenario permanente de acuerdos, renuncias y adaptaciones.

La mayor virtud del documental reside en su capacidad para descubrir la dimensión política de lo cotidiano. Cada entrevista revela mucho más que las preferencias domésticas de sus protagonistas. Las respuestas hablan de confianza, salud mental, diversidad cultural, formas de trabajo, relaciones afectivas y expectativas de futuro. La búsqueda de un compañero de departamento termina convirtiéndose en una radiografía de una generación que intenta construir estabilidad en medio de la incertidumbre económica y emocional.

Elkhatabi evita cualquier juicio sobre sus personajes. Su cámara observa con paciencia los silencios, las dudas y los pequeños gestos que emergen durante las conversaciones. El humor aparece de manera natural, producto de la incomodidad de los encuentros y de las estrategias con las que cada persona intenta presentarse como el candidato ideal. Pero bajo esa ligereza se percibe una profunda empatía hacia individuos que buscan, más que un techo, una forma posible de convivencia.
Formalmente, la película apuesta por un dispositivo de gran sencillez que privilegia la escucha. La puesta en escena renuncia a cualquier artificio espectacular para permitir que la palabra y la interacción sostengan el relato. Esta economía de recursos fortalece el carácter observacional del documental y convierte al espectador en un participante silencioso de esas entrevistas donde se decide quién podrá formar parte de una intimidad compartida.
La trayectoria de Halima Elkhatabi explica esta sensibilidad hacia los espacios intermedios de la experiencia cotidiana. Formada en el Instituto de la Imagen y el Sonido de Montreal y reconocida previamente por su cortometraje Nina, la directora confirma con Convivir una mirada documental interesada en aquello que suele pasar desapercibido, las relaciones humanas que se construyen en los márgenes de los grandes acontecimientos.

Su presencia dentro del 45 Foro Internacional de Cine dialoga con uno de los ejes más consistentes de esta edición, el de la exploración de nuevas formas de comunidad. Si otras películas del programa reflexionan sobre el exilio, la memoria o la identidad colectiva, Convivir desplaza esas preocupaciones al ámbito doméstico para demostrar que las grandes transformaciones sociales también se manifiestan en la cocina compartida, en la distribución de los espacios comunes o en la conversación entre dos desconocidos que intentan imaginar un futuro bajo el mismo techo.
En tiempos marcados por el aislamiento, la movilidad constante y la precarización de la vida urbana, Convivir propone una pregunta tan sencilla como profundamente política ¿cómo aprendemos a vivir con los otros? La respuesta nunca aparece formulada de manera explícita. Surge, más bien, en la suma de miradas, silencios y pequeñas negociaciones que convierten este documental en un retrato delicado de una época donde compartir un hogar implica, también, reinventar las formas de la confianza.
