
España, 2025, 96 min.
D: Luis Miñarro.
Emergency Exit es una deriva filosófica sobre el tránsito entre mundos. Luis Miñarro abandona las convenciones del viaje cinematográfico para construir una experiencia donde el desplazamiento físico se convierte en un recorrido por la memoria, el inconsciente y las imágenes que sobreviven a la vida. Su regreso a la dirección, incluido en el 45 Foro Internacional de Cine, confirma una de las propuestas más libres y enigmáticas del cine europeo contemporáneo.
Hay películas que narran un viaje y otras que convierten el viaje en un estado de conciencia. Esta película nunca busca un destino concreto; lo que le interesa es el tránsito, la deriva y la incertidumbre de unos personajes que avanzan por un territorio donde las fronteras entre la vigilia y el sueño, la memoria y la imaginación, la vida y la muerte dejan de ser distinguibles.
La premisa es un relato fantástico, creado desde una actriz que revisa su trayectoria, una antropóloga desorientada, dos divas legendarias y una serie de pasajeros inclasificables que emprenden un viaje a bordo del autobús número 8. Muy pronto descubren que descender del vehículo parece imposible. Sin embargo, Miñarro evita transformar esta situación en un thriller o en una alegoría cerrada. El autobús funciona como un espacio liminal, un territorio suspendido donde cada encuentro abre preguntas sobre la identidad, el tiempo y el deseo.
Emergency Exit renuncia deliberadamente a la causalidad narrativa. La película avanza mediante asociaciones, encuentros improbables y situaciones que desafían cualquier lógica realista. Los paisajes adquieren una cualidad onírica y los personajes parecen desplazarse dentro de un sueño compartido donde la experiencia importa más que la explicación. En lugar de resolver enigmas, el filme invita al espectador a habitar la incertidumbre.

La influencia de Luis Buñuel resulta evidente, pero Miñarro no se limita a reproducir los códigos del surrealismo clásico. Allí donde Buñuel utilizaba el absurdo para dinamitar las convenciones sociales y religiosas, Emergency Exit desplaza esa estrategia hacia una exploración más íntima de la memoria y de lo inconsciente. Los acontecimientos no obedecen a una lógica psicológica ni simbólica estable; emergen como imágenes que se resisten a ser interpretadas de manera definitiva.
En ese sentido, la película dialoga con una tradición del cine europeo que entiende el relato como una forma de pensamiento antes que como un mecanismo de entretenimiento. El autobús deja de ser un medio de transporte para convertirse en una metáfora del tránsito existencial. Sus pasajeros no parecen dirigirse a un lugar específico; atraviesan un umbral donde el pasado, el presente y la imaginación conviven en un mismo plano.
Uno de los aspectos más conmovedores de la obra es la presencia de Marisa Paredes en la que constituye su última aparición cinematográfica. Su figura aporta una dimensión adicional a una película obsesionada con la memoria y la permanencia de las imágenes. Cada gesto suyo parece dialogar con la historia del cine español y con una trayectoria interpretativa que marcó profundamente el imaginario cinematográfico de las últimas décadas. Su participación convierte a Emergency Exit en una despedida involuntaria y profundamente emotiva.

El extenso reparto, que reúne nombres tan diversos como Emma Suárez, Albert Pla, Arielle Dombasle y la cineasta Naomi Kawase, refuerza la sensación de asistir a una comunidad de viajeros provenientes de distintas tradiciones culturales y cinematográficas. Cada personaje aporta una voz distinta a este coro de identidades errantes, donde las biografías individuales terminan diluyéndose en una experiencia colectiva del tránsito.
Formalmente, Miñarro apuesta por una puesta en escena que privilegia la ambigüedad. La fotografía de Jimmy Gimferrer construye paisajes donde lo cotidiano adquiere una extraña irrealidad, mientras que el montaje de Diana Toucedo evita cualquier progresión lineal para favorecer una percepción fragmentaria del tiempo. La película se aproxima así a la lógica del recuerdo, donde las imágenes aparecen por asociación y no por continuidad.
La trayectoria de Luis Miñarro explica esta libertad formal. Más conocido durante décadas como productor de algunas de las propuestas más arriesgadas del cine de autor internacional, el realizador recupera aquí una inquietud presente en trabajos anteriores como Familystrip y Blow Horn, recuperala voluntad de explorar los límites entre la experiencia documental, la ficción y la imaginación. Emergency Exit representa el regreso de un cineasta que entiende el cine como un territorio de experimentación estética y filosófica.

Dentro del 45 Foro Internacional de Cine, la película dialoga con otras obras interesadas en la memoria, el archivo y las identidades desplazadas, pero introduce una dimensión particularmente singular, la del viaje como experiencia metafísica. Si buena parte del cine contemporáneo busca explicar el mundo, Miñarro parece más interesado en preservar su misterio.
En tiempos donde las narrativas audiovisuales privilegian la claridad y la resolución inmediata, Emergency Exit reivindica el derecho a la opacidad. Es una película que exige al espectador abandonar la comodidad de las interpretaciones únicas para aceptar que algunas imágenes
