
Noghteh-e-Goriz, Irán-Francia-Estados Unidos, 2025, 104 min.
D, G, F en C, Con: Bani Khoshnoudi.
Punto de fuga es una excavación en las zonas donde la historia pública y la memoria íntima se contaminan mutuamente. Bani Khoshnoudi convierte el cine en un espacio de duelo, investigación y resistencia frente a los silencios impuestos por el exilio y la violencia de Estado.
Hay películas que buscan reconstruir una historia y otras que asumen que toda reconstrucción está atravesada por ausencias irreparables. Presentada en el 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, la película se despliega como un ensayo cinematográfico donde el archivo familiar, los diarios de filmación y los recuerdos fragmentarios intentan aproximarse a una herida abierta.
Khoshnoudi parte de una experiencia personal, inicia en su destierro de Irán tras la prohibición de una película dedicada al Movimiento Verde de 2009. Sin embargo, el núcleo de Punto de fuga emerge cuando la directora decide romper el silencio que durante décadas rodeó la desaparición y ejecución de una prima durante las purgas de prisiones políticas de 1988, uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea iraní.

Khoshnoudi comprende que la violencia política no sólo destruye cuerpos y biografías; también fractura la memoria familiar, interrumpe las conversaciones y deja zonas enteras de la experiencia suspendidas en un silencio impuesto por el miedo. El documental avanza precisamente por esas grietas, intentando escuchar lo que durante años no pudo ser dicho.
Punto de fuga combina imágenes de archivo familiar, registros contemporáneos, diarios de viaje, recuerdos de Teherán y materiales filmados en el exilio. La directora construye una constelación de tiempos superpuestos donde el pasado irrumpe constantemente en el presente. La memoria aparece como un territorio discontinuo, hecho de restos, interrupciones y asociaciones inesperadas.
En términos visuales, el punto de fuga es el lugar hacia donde convergen las líneas de la perspectiva; en términos existenciales, sugiere la posibilidad de escapar, desaparecer o desplazarse hacia otro horizonte. Toda la obra parece situada en esa tensión entre la necesidad de huir y la imposibilidad de abandonar completamente aquello que nos constituye. El exilio no aparece como una salida definitiva, sino como una forma de habitar simultáneamente varios tiempos y varios lugares.

Uno de los aspectos más conmovedores del filme es la manera en que los espacios de Teherán son filmados desde la distancia de quien pertenece y, al mismo tiempo, ha sido expulsada. Las calles, los interiores domésticos y los fragmentos de vida cotidiana funcionan como superficies donde se proyectan capas de memoria personal y colectiva. La ciudad se convierte en un archivo afectivo atravesado por la pérdida.
La colaboración con la montajista Claire Atherton, conocida por su trabajo con Chantal Akerman, es decisiva para la construcción de esta temporalidad quebrada. El montaje no busca ordenar el caos de los recuerdos, sino preservar su carácter incompleto.
Punto de fuga se sitúa en una zona híbrida entre el documental, el ensayo audiovisual y la instalación artística. Esta libertad responde a la trayectoria de Khoshnoudi, cuya obra ha transitado constantemente entre el cine, las artes visuales y las prácticas experimentales. Sus intereses en torno al archivo, la guerra, la modernidad y la imagen encuentran aquí una de sus expresiones más depuradas. La película utiliza el archivo como un campo de tensiones donde la memoria se negocia continuamente.

En este sentido, el documental dialoga con una tradición del cine del exilio que incluye nombres como Chantal Akerman, Marjane Satrapi, Rithy Panh o Kamal Aljafari, cineastas que entienden que la pérdida de un país implica también una transformación de la relación con las imágenes. Filmar se convierte entonces en una forma de reconstruir vínculos rotos con la historia, la lengua y los muertos.
Los reconocimientos obtenidos en Visions du Réel, FICUNAM, Milán e IDFA confirman la potencia internacional de una obra que trasciende el contexto iraní para interpelar experiencias universales de violencia política y memoria familiar. Su fuerza proviene de la delicadeza con la que explora sus consecuencias emocionales y afectivas.
Dentro del 45 Foro Internacional de Cine, Punto de fuga ocupa un lugar particularmente significativo junto a otras películas interesadas en el archivo y la memoria política. Pero mientras algunas recuperan imágenes para preservar una historia colectiva, Khoshnoudi dirige la mirada hacia un archivo íntimo atravesado por el silencio. Su gesto consiste en demostrar que la memoria familiar también es un territorio político.
En tiempos marcados por desplazamientos forzados, autoritarismos persistentes y disputas sobre la verdad histórica, Punto de fuga recuerda que el exilio no termina cuando se cruza una frontera. Continúa en los recuerdos fragmentados, en las conversaciones pendientes y en las imágenes que sobreviven como únicos testigos de aquello que el poder intentó borrar.

