
Next Life, Estados Unidos-México, 2025, 73 min.
D, G, F en C y E: Tenzin Phuntsog.
Siguiente vida es una meditación sobre el exilio y la continuidad de la existencia. En su primer largometraje, Tenzin Phuntsog filma el tránsito entre la vida y la muerte desde una perspectiva espiritual, donde la experiencia migratoria, la tradición budista y la materialidad del cine en 35 mm convergen en una obra de extraordinaria delicadeza.
La experiencia del exilio suele narrarse como una historia de desplazamientos geográficos, fronteras y pérdida de pertenencia. Sin embargo, Siguiente vida (Next Life, 2025), ópera prima del cineasta tibetano Tenzin Phuntsog, desplaza esa reflexión hacia otro territorio ¿qué ocurre cuando incluso la muerte se encuentra condicionada por las fronteras políticas? ¿Qué significa despedirse de un ser querido cuando el regreso al lugar de origen depende de una visa imposible de obtener?
Presentada en el 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, la película sigue a una familia tibetana que vive en el norte de California mientras se prepara para la muerte del padre. Su deseo es regresar a su tierra natal para completar el ciclo espiritual de su existencia, convencido de que renacerá en la forma de un ave. Pero ese anhelo tropieza con la burocracia contemporánea, donde para volver al Tíbet es indispensable obtener una visa china, una condición que transforma el último viaje en una compleja negociación entre la fe, la geopolítica y el exilio.

Phuntsog construye una película atravesada por la serenidad. Su mirada encuentra en los rituales cotidianos una forma de comprender la muerte como parte de un proceso continuo. Inspirada en el Bardo Thödol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos, la obra entiende el fallecimiento como un tránsito hacia otra forma de existencia.
La película no registra una despedida, sino una preparación. Cada gesto, cada conversación y cada ceremonia participan de una pedagogía espiritual destinada a acompañar el paso entre distintos estados del ser. La cámara observa con paciencia, permitiendo que el tiempo ritual marque el ritmo de las imágenes.
Uno de los aspectos de Siguiente vida es la convivencia entre dos universos culturales. La familia habita el paisaje suburbano del norte de California mientras preserva prácticas religiosas y formas de vida vinculadas a la tradición tibetana. La película muestra cómo ambas realidades terminan entrelazándose en la experiencia cotidiana del exilio.

Phuntsog recupera la textura del celuloide al filmar en 35mm y con ello construir una experiencia visual marcada por la lentitud y la contemplación. El grano de la película parece contener una dimensión física del tiempo, haciendo visible la fragilidad de los cuerpos y la persistencia de la memoria. La materialidad del soporte dialoga con la propia filosofía budista, donde cada fotograma registra un instante irrepetible antes de desaparecer y dar paso al siguiente.
La fotografía, realizada por el propio director, evita cualquier exotización de la cultura tibetana. Busca acompañar una experiencia íntima desde la proximidad y el respeto. La espiritualidad emerge de los pequeños gestos, de las pausas, de los silencios y de una atención constante hacia los cuerpos que habitan ese tiempo suspendido.
La trayectoria de Tenzin Phuntsog ayuda a comprender esta sensibilidad. Nacido en Nueva Delhi y radicado en Estados Unidos, el cineasta ha desarrollado una práctica artística que combina instalaciones audiovisuales y películas en 35 mm exhibidas internacionalmente en museos y centros de arte. Siguiente vida traslada esa investigación sobre la imagen analógica al terreno del largometraje documental, consolidando una voz singular dentro del cine contemporáneo.

En el contexto del 45 Foro Internacional de Cine, la película dialoga con otras obras dedicadas a la memoria, el archivo y los desplazamientos forzados. Sin embargo, su aproximación resulta especialmente original porque desplaza la reflexión política hacia una dimensión espiritual pocas veces explorada por el cine documental. Aquí el exilio modifica su manera de enfrentar la muerte y de imaginar aquello que viene después.
La película plantea así una pregunta ¿pueden las fronteras políticas interrumpir los rituales mediante los cuales una cultura comprende el tránsito entre la vida y la muerte?
Phuntsog construye una experiencia cinematográfica donde la contemplación se convierte en una forma de resistencia frente a la aceleración del mundo.
Siguiente vida recuerda que el desplazamiento afecta las dimensiones más íntimas de la existencia, la memoria familiar, las prácticas espirituales y la manera en que cada comunidad imagina la continuidad de la vida. El documental convierte el duelo en una experiencia compartida entre generaciones, territorios y cosmologías.
Tenzin Phuntsog filma la muerte como un umbral donde convergen el exilio, la memoria y la esperanza de un nuevo comienzo.

