
Fenix (Phoenixes), escrita y dirigida por Jonathan Beaulieu-Cyr, es un drama autobiográfico que se adentra en una zona poco explorada del imaginario canadiense, la intimidad de las familias militares durante la guerra en Afganistán. Ambientada a mediados de los años 2000, la película sigue a Joël Girard, soldado carismático a punto de ser desplegado, que intenta acortar la distancia emocional con su hijo entrenando su equipo de fútbol, los Phoenixes, antes de partir al frente.

Lejos de optar por la épica bélica, Beaulieu-Cyr concentra su mirada en el espacio doméstico. El conflicto no se libra en el campo de batalla sino en el interior del hogar. El gesto de entrenar al equipo juvenil funciona como metáfora transparente de una paternidad que busca afirmarse antes de la ausencia.
No hay estridencias melodramáticas; la emoción emerge desde la cotidianidad y desde un tratamiento visual sobrio y luminoso. La dirección de fotografía de Ariane Falardeau St-Amour aporta una calidez naturalista que contrasta con la dureza del contexto histórico.

El film no pretende revisar la guerra desde una perspectiva geopolítica amplia, sino revisitar un período problemático de la historia canadiense desde la experiencia subjetiva. Esa elección restringe el campo de análisis político, pero fortalece su dimensión testimonial.

Fenix es una película sobre la herencia afectiva, lo que queda en quienes se van y en quienes permanecen.
