
Interspecifics
El bioarte latinoamericano, en su exploración de la vida como materia estética, encuentra en el pensamiento de Lynn Margulis una base teórica fértil y disruptiva. Si el siglo XX estuvo dominado por la narrativa neodarwinista de la competencia como motor evolutivo, Margulis propuso una visión alternativa: la vida no progresa principalmente por competencia, sino por cooperación; no solo por mutación azarosa, sino por simbiosis. Esta reformulación radical del evolucionismo permite releer el bioarte latinoamericano como una práctica profundamente alineada con una ontología simbiótica.

Lynn Margulis
Formada en la University of Chicago, la University of Wisconsin–Madison y la University of California, Berkeley, Margulis desarrolló la Teoría de la Endosimbiosis Seriada (SET), según la cual las células eucariotas surgieron a partir de la incorporación simbiótica de bacterias de vida libre. Mitocondrias y cloroplastos serían antiguos microorganismos integrados en nuevas unidades biológicas. Esta concepción descentra la noción de individuo autónomo y ofrece un marco conceptual para analizar prácticas artísticas que trabajan con ADN, bacterias, tejidos vivos o microbiomas.

Joaquín Fargas
Uno de los conceptos derivados del pensamiento marguliano que resulta fértil para el análisis estético es el de holobionte: el organismo entendido como comunidad de organismos. El cuerpo deja de ser una entidad cerrada para convertirse en ensamblaje de múltiples agencias microbianas.

Gilberto Esparza
En la obra de Eduardo Kac, particularmente en sus proyectos de arte transgénico, la manipulación genética aparece como una ruptura “antinatural”, sino como intensificación de procesos evolutivos que la propia biología ha practicado durante millones de años: transferencia genética, integración simbiótica y coevolución.

Interspecifics
Por otro lado la artista mexicana Edith Medina ha explorado la escritura biológica, cultivos bacterianos y procesos microbiológicos como formas de inscripción viva. En estas prácticas, el cuerpo humano y el cuerpo microbiano se interpenetran, poniendo en evidencia la condición holobióntica del sujeto.

Edith Medina
Asimismo, el artista brasileño Guto Nóbrega investiga sistemas híbridos entre plantas, sensores y dispositivos electrónicos, generando ensamblajes bio-tecnológicos donde lo vegetal participa activamente en la producción estética. Estas configuraciones pueden entenderse como micro-ecosistemas simbióticos que materializan la continuidad entre organismo y entorno.

Guto Nóbrega
En Argentina, Joaquín Fargas ha desarrollado proyectos vinculados a biotecnología, ecología y supervivencia en entornos extremos, proponiendo dispositivos que integran procesos biológicos en contextos ambientales críticos. Su trabajo dialoga con la hipótesis Gaia al pensar la vida como sistema adaptativo y relacional.

Joaquín Fargas
Margulis defendió que la simbiogénesis —la generación de novedad evolutiva mediante la integración estable de organismos distintos— constituye una fuerza creativa fundamental. Esta afirmación resulta especialmente sugerente para el bioarte, donde la creación no consiste en imponer forma sobre materia inerte, sino en generar condiciones para que organismos vivos interactúen y produzcan configuraciones emergentes.

Guto Nóbrega
En esta línea, el colectivo mexicano Interspecifics trabaja con bioseñales, microorganismos y datos biológicos transformados en sonido e imagen, produciendo entornos inmersivos donde la agencia no es exclusivamente humana. Sus proyectos evidencian una estética relacional que coincide con la intuición marguliana, donde la vida es red de intercambios.

Gilberto Esparza
Desde otra perspectiva, el artista colombiano Gilberto Esparza ha desarrollado organismos robótico-biológicos que procesan residuos y dialogan con entornos contaminados. Estas entidades híbridas funcionan como metáforas materiales de ecosistemas alterados, subrayando la interdependencia entre tecnología, microorganismos y territorio.

James Lovelock
La colaboración de Margulis con James Lovelock en la formulación de la hipótesis Gaia amplió la escala de la simbiosis al nivel planetario. Según esta perspectiva, la biosfera opera como sistema autorregulado donde organismos y entorno se co-producen mutuamente.

Interspecifics
En América Latina muchos bioartistas trabajan con suelos contaminados, bacterias locales, agua o ecosistemas específicos, haciendo visible que la vida no es abstracta, sino territorial. El bioarte latinoamericano, desde esta perspectiva, no solo experimenta con biotecnología, sino que reactiva una conciencia ecológica situada.

Eduardo Kac
Las prácticas mencionadas —desde la transgénesis de Kac hasta los ensamblajes vegetales de Nóbrega, las escrituras biológicas de Medina o los sistemas híbridos de Fargas e Interspecifics— pueden leerse como manifestaciones estéticas de una ontología simbiótica. Todas ellas cuestionan la idea de individuo autosuficiente y proponen, en cambio, un modelo relacional donde lo humano, lo microbiano, lo tecnológico y lo ambiental coexisten en redes dinámicas.

Eduardo Kac
Pensar el bioarte latinoamericano desde Lynn Margulis permite articular ciencia y estética bajo una misma lógica: la interdependencia. Si cada organismo es consorcio, cada obra bioartística es también una comunidad de agentes. El artista deja de ser un creador aislado para convertirse en mediador de procesos biológicos compartidos.

Edith Medina
En este marco, el bioarte latinoamericano aparece como un espacio privilegiado para experimentar una epistemología relacional. Crear es asociar; intervenir es cohabitar; imaginar es co-evolucionar.

Edith Medina
Así, la simbiogénesis ofrece una metáfora material —y una ontología— para comprender un arte que trabaja con vida en contextos históricos, ecológicos y políticos específicos. En América Latina, esta estética de la cooperación se convierte en un gesto crítico frente a modelos individualistas y extractivos de entender la naturaleza y la cultura.
