
Hay proyectos artísticos que se desarrollan como una obra cerrada y otros que funcionan como organismos vivos. Desde 1997, el artista mexicano Arcangelo Constantini construye bakteria.org, un archivo en permanente mutación donde dibujo automático, escritura, net art, inteligencia artificial y especulación biológica convergen en una misma investigación estética. Lo que comenzó como una práctica intuitiva de dibujo terminó convirtiéndose en un ecosistema visual y conceptual que lleva casi tres décadas expandiéndose.
La presentación de Constantini en las jornadas Entre Código y Algoritmos fue, sobre todo, una reflexión sobre los procesos de emergencia de la forma, la percepción y el lenguaje. Su intervención abrió un territorio donde lo biológico, lo digital y lo onírico dejan de ser categorías separadas para convertirse en estados de una misma materia sensible.
Constantini planteó la idea de que las bacterias surgieron como resultado de una práctica de dibujo automático donde la línea avanzaba sin un plan previo. Mientras dibujaba, comenzaron a aparecer también palabras, asociaciones y sonidos. Imagen y lenguaje emergían simultáneamente, como si ambos fueran manifestaciones distintas de un mismo proceso mental.
Ese proceso derivó en lo que el artista llama “neuroalgoritmo”, un sistema vivo compuesto por percepción, memoria, gesto e imaginación. A diferencia de los algoritmos computacionales tradicionales, el neuroalgoritmo no está escrito en código. Se desarrolla corporalmente, a través de años de práctica y retroalimentación perceptual. La mano dibuja, el ojo observa, el cerebro reorganiza relaciones y la imaginación proyecta posibilidades. Cada línea modifica las probabilidades de las siguientes. La forma final nunca está completamente contenida en el inicio.
Mucho antes de la expansión contemporánea de la IA, bakteria.org ya exploraba cómo reglas mínimas podían producir comportamientos complejos. La diferencia es que aquí el sistema generativo está basado en procesos corporales y cognitivos.
Constantini propone pensar el dibujo como un espacio donde las formas poseen capacidad de autoorganización. A medida que el archivo creció, comenzaron a reaparecer familias morfológicas, estructuras anatómicas y patrones visuales que nunca habían sido planificados conscientemente. Las bacterias parecían evolucionar por sí mismas dentro de un ecosistema visual autónomo.

El artista desarrolla también una práctica que denomina “transgrafía léxica”, una exploración de cómo las palabras mutan y se transforman gráficamente del mismo modo que los organismos visuales. Durante este proceso del dibujo emergen términos provenientes de contextos distintos y aparentemente inconexos. Más tarde, el artista investiga sus resonancias simbólicas, etimologías y asociaciones posibles. Así, lenguaje y morfología evolucionan juntos dentro de un mismo sistema generativo.
En un momento Constantini vinculó su trabajo con la hipótesis del hologenoma y las investigaciones contemporáneas sobre el microbioma humano. Desde esta perspectiva, el cuerpo humano deja de pensarse como una entidad autónoma y pasa a comprenderse como un ecosistema compuesto por millones de microorganismos en interacción constante. Las bacterias del proyecto surgen entonces como organismos especulativos nacidos de una transferencia imaginaria entre la experiencia humana y la vida microscópica.
La idea es poética ¿qué ocurriría si los microorganismos pudieran acceder a la memoria, la imaginación y el lenguaje humano? Las bacterias desarrolladas por Constantini aparecen como posibles respuestas a esa pregunta. Son criaturas híbridas, mutantes, habitantes de una línea evolutiva alternativa donde los límites entre humano y microorganismo se disuelven. El archivo completo puede leerse como una biodiversidad imaginaria surgida de la convivencia entre conciencia, percepción y vida microscópica.
El artista narro como durante los años noventa, el net art permitió pensar la red no como un simple espacio de exhibición sino como un entorno vivo y dinámico, bakteria.org encontró allí su hábitat natural. Las bacterias comenzaron a desplazarse por interfaces, animaciones, páginas web y sistemas interactivos como si fueran organismos digitales capaces de colonizar otros territorios.
La metáfora de la infección atraviesa todo el proyecto. Del mismo modo en que los microorganismos se reproducen, intercambian información genética y mutan, las bacterias digitales circulan, se transforman y establecen relaciones dentro de la red. La obra deja de funcionar como un objeto cerrado para convertirse en un ecosistema interactivo donde usuarios, imágenes y algoritmos participan activamente en los procesos de transformación.
La incorporación reciente de inteligencia artificial abre una nueva etapa en esta investigación. Constantini plantea la IA como herramienta de observación e interpretación. Utilizando visión por computadora y modelos de lenguaje, el artista explora cómo las máquinas pueden analizar miles de bacterias simultáneamente, identificar patrones morfológicos y producir lecturas poéticas del archivo.
En una de las experiencias del artista, un agente basado en ChatGPT fue entrenado con conceptos vinculados a la transgrafía léxica y la morfogénesis espontánea. Este agente en lugar de clasificar objetivamente las imágenes, generó asociaciones libres, hipótesis especulativas y textos en flujo de conciencia inspirados por las formas visuales. La inteligencia artificial se convirtió así en un observador dentro del ecosistema conceptual de bakteria.org.
Mientras gran parte de la discusión pública se concentra en la automatización de la producción visual, Constantini propone pensar las tecnologías inteligentes como dispositivos capaces de ampliar procesos de percepción, observación y especulación crítica.
Más que sustituir la imaginación humana, la IA aparece como una herramienta para explorar territorios invisibles dentro de un archivo vivo. Un archivo donde dibujo automático, microorganismos imaginarios, lenguaje mutante y ecosistemas digitales conviven en una misma deriva evolutiva.
Debemos de comprender que las tecnologías contemporáneas transforman las formas en que pensamos la vida, la conciencia y nuestra relación con aquello que habita invisiblemente dentro y fuera de nosotros.
