
Desde hace cuarenta y cinco ediciones, el Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional ha ocupado un lugar singular dentro del panorama cinematográfico mexicano. Mientras los grandes festivales suelen concentrarse en los estrenos más visibles del circuito internacional, el Foro continúa apostando por aquellas películas que desbordan las convenciones narrativas, experimentan con el lenguaje y convierten al cine en un territorio de pensamiento.
La edición número 45, se presentará a partir del 13 de agosto en las tres sedes de la Cineteca Nacional y posteriormente en el Centro Cultural Universitario y el Cinematógrafo del Chopo. Sus catorce títulos, provenientes de América Latina, Europa, Medio Oriente y Norteamérica, configuran una constelación de obras que dialogan entre sí alrededor de un conjunto de preocupaciones compartidas: la memoria, el exilio, los archivos, la identidad, el paisaje y las posibilidades materiales del cine en la era digital.
El recorrido se proyecta con la primera película El inicio de la animación mexicana 1935-1938, un programa de restauración impulsado por el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela. La recuperación de los trabajos del estudio AVA recuerda que toda innovación cinematográfica comienza por una arqueología de las imágenes. Restaurar significa reactivar la potencia del material para interpelar el presente.

La presencia de Soy Cuba de Mijaíl Kalatózov prolonga esa reflexión. A más de seis décadas de su realización, la película continúa sorprendiendo por su puesta en escena y por la libertad con la que convierte el movimiento de cámara en una forma de pensamiento visual. Su inclusión establece un diálogo entre la historia del cine y las búsquedas formales de las nuevas generaciones, demostrando que las verdaderas vanguardias nunca dejan de ser contemporáneas.
El núcleo más sólido de esta edición parece encontrarse en las películas que trabajan la memoria como un territorio en permanente reconstrucción. Con Hassan en Gaza, de Kamal Aljafari, rescata imágenes filmadas hace más de veinte años para confrontarlas con la devastación actual del territorio palestino. El archivo se convierte en resistencia frente al borramiento histórico. Una operación semejante aparece en Punto de fuga, de Bani Khoshnoudi, donde el archivo familiar se entrelaza con imágenes documentales para construir una cartografía íntima del exilio iraní. En ambos casos, el montaje actúa como un dispositivo de reparación, el cual al reorganizar las imágenes también resignifican a la memoria.
Otra línea es la que explora la relación entre cuerpo, territorio y desplazamiento. La hija cóndor sitúa la experiencia de una joven Quechua entre las promesas de la ciudad y la persistencia de sus raíces comunitarias; Siguiente vida observa la diáspora tibetana desde la intimidad de una familia que se prepara para despedir a su padre; mientras que Emergency Exit convierte el viaje en una deriva fantástica donde el desplazamiento físico termina transformándose en un recorrido interior. Todas estas son películas que entienden el movimiento como una transformación identitaria.
En paralelo, varias obras expanden las fronteras del lenguaje cinematográfico mediante estructuras híbridas. Punku incorpora diversos soportes de registro para construir una experiencia sensorial situada en la Amazonía peruana; El bosque intermitente mezcla observación científica, antropología e historia para descubrir en las cuevas cubanas un archivo geológico y político; Fuck the Polis construye una autobiografía fragmentaria donde los recuerdos, los sueños y la literatura se funden en una misma materia visual. Aquí el cine ya no busca representar la realidad, sino producir nuevas formas de percibirla.
Quizá una de las películas más sintomáticas del presente sea Las ruinas nuevas, ensayo audiovisual de Manuel Embalse que dirige la mirada hacia la basura electrónica. Frente al entusiasmo tecnológico que suele acompañar los discursos sobre la innovación digital, la película observa aquello que normalmente permanece oculto, mediante los residuos materiales del capitalismo informático. Allí donde los dispositivos prometen velocidad, conectividad e inmaterialidad, aparecen montañas de desechos que revelan el costo ecológico de nuestra cultura visual.
En un registro distinto, Hojas secas de Alexandre Koberidze propone una reflexión melancólica sobre el tiempo y la desaparición. La búsqueda de una joven se convierte en una meditación sobre la memoria del paisaje y, al mismo tiempo, en una defensa de la materialidad cinematográfica frente a la volatilidad de la imagen digital. Su presencia dentro del programa parece sintetizar muchas de las preguntas que atraviesan esta edición ¿qué permanece cuando las imágenes circulan infinitamente?, ¿cómo recordar en un mundo saturado de archivos?, ¿qué significa todavía filmar?

El 45 Foro Internacional de Cine confirma que el cine contemporáneo atraviesa un momento de profunda transformación epistemológica. Las categorías tradicionales —ficción, documental, ensayo, archivo, autobiografía— dejan de funcionar como compartimentos estancos para convertirse en materiales disponibles para nuevas formas de creación. El resultado es una programación que privilegia la incertidumbre sobre la certeza y la exploración sobre la fórmula.
En tiempos donde gran parte de la producción audiovisual parece orientarse hacia la estandarización narrativa y los algoritmos de recomendación, el Foro Internacional de Cine continúa defendiendo a un arte capaz de abrir preguntas antes que ofrecer respuestas. Las películas reunidas en esta edición invitan a modificar la manera en que miramos el mundo.
