
El inicio de la animación mexicana 1935-1938
México, 75 min.
D: Alfonso Vergara Andrade.
El inicio de la animación mexicana 1935-1938 es una invitación a revisar los orígenes de un lenguaje cinematográfico que durante décadas permaneció relegado de la memoria colectiva.
Entre las propuestas que integran el 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, pocas poseen el valor histórico y patrimonial de El inicio de la animación mexicana 1935-1938. Este programa constituye un acto de restitución de la memoria cinematográfica mexicana, al devolver a la pantalla un conjunto de obras que permiten comprender el nacimiento de la animación como una práctica artística e industrial en el país.
La restauración, realizada por el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional en colaboración con el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), reúne seis cortometrajes producidos por el estudio AVA. El resultado reabre una página de la historia del cine mexicano.
El recorrido comienza con Paco perico en premiere (1935), considerada la primera aparición del personaje creado por Alfonso Vergara Andrade, uno de los pioneros de la animación nacional. A través de una narrativa sencilla y un humor cercano al cartoon clásico, el corto revela una comprensión del ritmo, el movimiento y la expresividad de los personajes.
La selección continúa con La vida de las abejas y The Cockroach, dos ejercicios donde la observación del mundo de los insectos se transforma en un laboratorio de experimentación visual. La precisión del dibujo cuadro por cuadro y la construcción de pequeñas sociedades animales revelan una atención al detalle. Del mismo modo, Una noche de posada y Los cinco cabritos y el lobo recuperan imaginarios populares y tradiciones narrativas que dialogan con la cultura mexicana desde una sensibilidad lúdica y artesanal. Finalmente, Chema y Juana en el tesoro de Moctezuma incorpora elementos del imaginario nacional para construir una aventura donde el patrimonio histórico se convierte en escenario de ficción.
Cada segundo de estas películas implicó cientos de dibujos realizados a mano, fotografiados individualmente en una época donde la infraestructura para producir animación prácticamente no existía en México. La paciencia y el rigor artesanal que exigen estas obras permiten dimensionar el enorme esfuerzo detrás de un proyecto que surgió mucho antes de que la animación encontrara una industria consolidada en el país.

La figura de Alfonso Vergara Andrade resulta tan extraordinaria como poco conocida. Médico otorrinolaringólogo de profesión, transformó parte de su consultorio de la calle Isabel la Católica en el primer estudio formal de animación mexicano, AVA Producciones. Sin una formación cinematográfica académica, aprendió las técnicas de animación de manera autodidacta, impulsado por la curiosidad científica y una inusual vocación artística. De esa combinación nació Paco Perico, considerado el primer personaje animado creado en México y uno de los primeros protagonistas de una tradición que, décadas después, encontraría nuevas generaciones de realizadores.
Vista desde el presente, esta restauración trasciende el interés historiográfico. En un momento en que la animación vive una profunda transformación impulsada por las tecnologías digitales y la inteligencia artificial, regresar a estos cortometrajes significa reencontrarse con la dimensión material del cine, encontrándonos con el dibujo, el trazo, el tiempo invertido en cada fotograma y la imaginación como motor de la invención técnica. Estas películas recuerdan que la innovación no comienza con la sofisticación tecnológica, sino con la capacidad de imaginar aquello que todavía no existe.
La inclusión de El inicio de la animación mexicana 1935-1938 en el 45 Foro Internacional de Cine también reafirma la idea de preservar el patrimonio audiovisual el cual consiste en mantener viva la memoria de quienes expandieron las posibilidades del lenguaje cinematográfico. Restaurar estos cortometrajes implica reconocer que la historia del cine mexicano se escribió también con dibujos que, cuadro por cuadro, imaginaron por primera vez el movimiento.
Es la oportunidad de descubrir que, mucho antes de la era digital, México ya soñaba con animar sus propias imágenes y que ese sueño comenzó gracias a la perseverancia de un médico autodidacta que convirtió un pequeño estudio en el punto de partida de toda una tradición cinematográfica.
