
¿Qué ocurre cuando la naturaleza deja de ser entendida como un espacio exterior a la acción humana y comienza a aparecer como un territorio atravesado por residuos, industrias, consumo, extractivismo y procesos de transformación? La obra de la artista argentina-mexicana Mariana Gullco, parte de esta pregunta para construir una práctica situada en una zona incómoda, llevándonos a donde ya no es posible imaginar una naturaleza intacta, separada de las consecuencias materiales de la sociedad industrial.
Su proyecto de largo aliento Naturaleza postindustrial trabaja con objetos cotidianos y materiales desechables provenientes de su propia casa, de familiares y amistades, tomando sus envases, ropa, cubrebocas, empaques, cápsulas de café, botellas y otros residuos que son transformados mediante procesos de tejido, ensamblaje y reconstrucción. En lugar de ocultar su procedencia, Gullco procura que estos materiales continúen siendo reconocibles, de manera que el espectador pueda relacionar la forma de la obra con sus propios hábitos de consumo.
No se trata simplemente de convertir basura en objeto artístico, ni de otorgarle una segunda vida al residuo mediante una operación estética. La obra conserva la memoria del consumo. Una botella continúa siendo una botella; un envase de leche conserva su genealogía industrial; una prenda deshilada mantiene la huella de un cuerpo que alguna vez la utilizó. El residuo cambia de estado y, al hacerlo, adquiere la capacidad de interrogar el sistema que lo produjo.

Mariana Gullco
En este sentido, Naturaleza postindustrial puede entenderse como una exploración de las formas de vida que emergen en sus ruinas.
Una de las dimensiones del trabajo de Gullco aparece cuando los residuos industriales son utilizados para construir representaciones de organismos, sugiriendo cactus, hongos, líquenes, algas y otras formas vegetales. En sus intervenciones en la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán, la artista construyó formas semejantes a cactus utilizando botellas de detergente y otros materiales de desecho; también produjo estructuras inspiradas en imágenes celulares y organismos microscópicos a partir de empaques y objetos cotidianos.
La operación introduce una inversión, en la cual el residuo industrial comienza a imitar aquello que el sistema industrial contribuye a destruir. La botella se convierte en cactus, el plástico se convierte en hongo, el empaque se convierte en célula y la cápsula de café se convierte en organismo.
La transformación no busca producir una ilusión de naturaleza, por el contrario, la artificialidad permanece visible. El material industrial se presenta como una especie de fósil anticipado, como una evidencia de nuestro presente que, al mismo tiempo, imagina las formas que podrían sobrevivir después de nosotros.
Esta perspectiva encuentra una resonancia en el pensamiento de Anna Tsing. En The Mushroom at the End of the World, Tsing (2015) estudia al hongo matsutake como una especie capaz de aparecer en paisajes alterados, bosques intervenidos y territorios marcados por historias de explotación. El hongo se convierte así en una figura para pensar la vida en medio de las ruinas del capitalismo, llevándonos a las posibilidades de coexistencia que surge en condiciones de perturbación.

Mariana Gullco
En la obra de Gullco, sus hongos, líquenes y algas representan organismos capaces de imaginar otras formas de existencia en territorios alterados. La artista lo plantea desde una pregunta ¿qué podemos hacer desde el lugar en el que ya estamos, en medio de un desastre que no es futuro sino presente?
Aquí el pensamiento de Ailton Krenak permite ampliar la discusión. En Ideas para postergar el fin del mundo, Krenak (2019) cuestiona la idea moderna de una humanidad separada de la naturaleza. Para el pensamiento indígena, la tierra no constituye un escenario pasivo sobre el cual se desarrolla la historia humana. El mundo es una red de relaciones entre seres, territorios, memorias y formas de existencia.
Esta perspectiva permite leer el trabajo de Gullco desde otro lugar. Sus obras buscan producir una relación distinta con aquello que permanece. El residuo, la contaminación, el plástico, las algas y los hongos forman parte de un mismo territorio conflictivo. Desde esta perspectiva, la pregunta sería ¿cómo construir relaciones con un mundo que ha sido profundamente transformado?

Mariana Gullco
En palabras de Krenak (2019), el problema reside también en la ficción de que existe una humanidad separada del resto de la vida. Esta separación nos permite convertir montañas, ríos, bosques, animales y cuerpos en recursos disponibles para la explotación. Gullco trabaja precisamente en el lugar donde esa separación comienza a resultar insostenible. Su obra muestra que aquello que llamamos “residuo” nunca desaparece. Cambia de lugar, de forma y de escala.
Esta problemática establece un diálogo con la obra Playa Cero, de Alfredo Blasquez. En ambos casos, el residuo deja de ser un elemento secundario del paisaje para convertirse en una forma de lectura territorial. Mientras Playa Cero puede ser comprendida como una aproximación al litoral desde la acumulación de objetos, desechos y huellas de la actividad humana, Gullco desplaza la mirada hacia la transformación de esos residuos en formas orgánicas. Blasquez trabaja sobre el territorio como una especie de archivo material; Gullco, sobre las posibilidades de transformación de aquello que ese archivo contiene.
El punto de encuentro está en comprender que la basura no constituye únicamente un problema de limpieza, es también información, donde cada objeto abandonado contiene una historia de producción, transporte, consumo, deseo y descarte. El residuo es, en este sentido, un documento involuntario del capitalismo contemporáneo.

Alfredo Blasquez
Gullco insiste en que muchos de los materiales utilizados en sus obras proceden de su propia vida cotidiana y de su círculo cercano. La operación no pretende reducir la responsabilidad ambiental a las decisiones individuales, sino mostrar que todos estamos inmersos en sistemas de producción y consumo mucho mayores que nosotros.
Durante la conversación desarrollada en el Seminario RC14 apareció una crítica al discurso que coloca sobre el consumidor la responsabilidad principal por el problema de los residuos. Como señaló una de las participantes, haber consumido una botella de plástico no equivale a producir millones de ellas. Gullco coincide en que las responsabilidades son desiguales y señala la necesidad de políticas públicas capaces de intervenir en las formas de producción y gestión de los residuos.
La obra, por tanto, no funciona como una pedagogía moral del reciclaje. Su pregunta es más compleja ¿qué tipo de sistema produce objetos cuya existencia misma implica enormes costos ambientales?

Alfredo Blasquez
Esta pregunta encuentra un antecedente en el cortometraje La isla de las flores (Ilha das Flores), cortometraje dirigido por Jorge Furtado en 1989. La película sigue el recorrido de un tomate desde su producción y comercialización hasta su llegada a un vertedero, donde aquello que fue considerado alimento termina formando parte de una cadena de exclusión y desigualdad (Furtado, 1989).
La importancia de la película para pensar la obra de Gullco reside en su capacidad para revelar la cadena que normalmente permanece oculta detrás de un objeto aparentemente insignificante. Un tomate no es solamente un tomate, una botella no es solamente una botella, una cápsula de café no es solamente una cápsula, cada objeto contiene una red de relaciones económicas, energéticas, laborales, territoriales y sociales.
Furtado construye esta cadena mediante la ironía. Gullco lo hace mediante la transformación material. En ambos casos, el gesto artístico consiste en interrumpir la aparente normalidad de los objetos cotidianos para mostrar aquello que queda fuera del campo de visión.
Si La isla de las flores sigue al objeto hasta el momento de su descarte, Gullco parece preguntarse qué sucede después del descarte. ¿Qué ocurre cuando el residuo entra nuevamente en contacto con el territorio? ¿Qué organismos lo encuentran? ¿Qué formas de vida se desarrollan en medio de él? ¿Qué nuevas relaciones aparecen?
Jorge Furtado
En el proyecto Algas, desarrollado por Gullco en Escocia entre 2024 y 2025, se analiza esta pregunta. En el proyecto la artista recolectó algas y plásticos provenientes de actividades pesqueras, sin cortar ni modificar inicialmente los materiales encontrados. Posteriormente trabajó con hilos recuperados y realizó piezas tejidas que fueron colocadas nuevamente en la playa. Este gesto modifica la relación tradicional entre artista y obra, ya que la pieza no está completamente bajo el control de la artista, dejando que el territorio participe, dejando que la marea intervenga, dejando que el tiempo la altere y finalmente la desaparezca.
En este sentido, la obra puede entenderse como una práctica de colaboración con fuerzas que exceden la voluntad humana. Se trata de permitir que el paisaje intervenga sobre la poética de la obra.
En otro momento la artista utiliza algas secadas sobre papel de algodón, para producir manchas gracias a sus pigmentos, los cuales posteriormente Gullco convierte en dibujos semejantes a mapas. La imagen se transforma en una inscripción producida por el contacto de la naturaleza con el soporte, es la huella de lo que existió.

Mariana Gullco
Aquí vuelve a aparecer una idea próxima a Tsing (2015), dejándonos ante la posibilidad de atender a procesos de colaboración, contaminación y coexistencia que no responden necesariamente a una voluntad humana. Y es así como la obra se produce en el intervalo entre intención y accidente, entre naturaleza y artista.
Otro diálogo de la obra surge con la instalación Ekko, de Bruno Bresani. En esta obra, el problema ambiental aparece relacionado con el consumo individual cotidiano, con las huellas producidas por la actividad humana en su vida diaria. Si Gullco trabaja directamente con los restos materiales del consumo, Ekko desplaza la cuestión hacia las huellas que nos deja nuestros hábitos cotidianos.
Ambas prácticas comparten la operación de hacer visible aquello que normalmente permanece fuera del campo perceptivo. En Gullco, el residuo se transforma en organismo, en Bresani, la huella se transforman en evidencia en imagen del desastre. En ambos casos, la representación busca construir una forma de percepción capaz de reconocer aquello que los sistemas económicos y tecnológicos tienden a ocultar. El diálogo nos permite ampliar la noción de residuo. La contaminación contemporánea ocurre simultáneamente en el territorio físico y en los sistemas simbólicos que organizan nuestra percepción.
Bruno Bresani
Durante la conversación en el seminario RC14 apareció otro elemento, el de la experiencia del shock. Frente a fenómenos como la acumulación de sargazo, la contaminación de los cuerpos de agua o la presencia de microplásticos, la escala del problema puede producir una sensación de parálisis. Gullco reconoce que, frente a fenómenos ambientales demasiado grandes, es necesario establecer cierta distancia para poder pensar y producir sin quedar completamente absorbidos por el desastre. Esta distancia no significa indiferencia, es una estrategia de elaboración.
El arte aparece entonces como una tecnología para producir distancia frente a aquello que resulta insoportable, como una forma de mirar el desastre sin quedar paralizado por él.
En esta dimensión, la práctica artística se convierte en una grieta dentro de una estructura mucho mayor. Durante la misma conversación, Luis Vera planteó la posibilidad del arte como una forma de entrar en espacios normalmente ignorados y abrir fisuras capaces de generar conversación, reflexión y eventualmente acción ante ,las problemáticas ambientales.
La metáfora de la grieta dialoga con las obras de Gullco, ya que no solucionan el problema ambiental, pero nos abren una fisura perceptiva dentro de él.

Mariana Gullco
En la obra Mandala, Gullco nos introduce en una dimensión temporal que atraviesa, toda su obra. Esta pieza se realizo con aproximadamente 4,000 botellas de PET dentro del Jardín Botánico de la UNAM, la cual después de aproximadamente seis meses, fue desmontada y los materiales fueron enviados al reciclaje; la estructura de la obra dejó de existir.
En este sentido la desaparición de la obra introduce una paradoja. ¿Una obra sobre los residuos puede convertirse esta misma en residuo? ¿Una obra sobre la permanencia puede desaparecer?¿Una obra que critica la acumulación puede ser desmontada?
Esta condición efímera nos permite pensar en una práctica artística que acepta la temporalidad material como parte de su propia estructura. La obra no tiene que permanecer intacta para producir memoria, puede dejarnos rastros, puede desaparecer y continuar operando como relato, fotografía, recuerdo, conversación o transformación territorial.
Una de las discusiones que surgieron en la charla tiene que ver con los límites del reciclaje como respuesta ambiental. La conversación puso en cuestión la idea de que el reciclaje individual pueda resolver un problema cuya escala es industrial. También apareció la necesidad de pensar la responsabilidad de empresas y productores, así como políticas públicas que regulen los sistemas de producción y consumo.
En este sentido Naturaleza postindustrial evidencia como el arte puede transformar nuestra relación con el material. En este sentido Gullco utiliza los residuos porque contienen una memoria social. Son objetos que nos permiten reconstruir nuestra relación cotidiana con el consumo, con la industria y con el territorio.

Mariana Gullco
En este punto, Krenak (2019) resulta pertinente, al plantearnos que postergar el fin del mundo implica también cuestionar la forma de mundo que ha producido la idea de que la tierra es un recurso separado de nosotros. La obra de Gullco no quiere regresar a un mundo anterior a la industrialización, mas bien nos propone mirar de frente el mundo que hemos producido.
Quizá el término naturaleza postindustrial podría nombrarse como una naturaleza atravesada por la industria, una naturaleza en la que plástico, organismos, contaminación, consumo, memoria y paisaje ya no pueden separarse.
Desde esta perspectiva, Gullco trabaja sobre una paradoja, ya que vivimos en un mundo transformado por la acción humana, pero seguimos dependiendo de procesos biológicos que no controlamos, en el cual los hongos continúan creciendo, las algas continúan moviéndose con las mareas, los líquenes siguen colonizando superficies, los microorganismos siguen transformando a la materia, las plantas siguen encontrando grietas en la urbe.
En este sentido la obra desplaza la pregunta de “¿cómo salvar la naturaleza?” hacia ¿cómo aprender a vivir en un mundo que ya ha sido transformado por nosotros?
El resultado no es una imagen del fin del mundo, es una imagen de lo que continúa después del fin de ciertas formas de mundo, ya que frente a la fantasía de un planeta limpio, intacto y separado de nosotros, Naturaleza postindustrial nos propone observar las formas de vida que aparecen en las grietas, aprender de aquello que sobrevive, ya que el futuro ya está creciendo entre los residuos.
