
En el marco del Seminario RC14 de Zona de Riesgo, la conferencia El hubiera sí existe. Investigación artística y temporalidades alternas del filósofo y artista Hugo Alejandro Vega se desplegó como un pensamiento en tránsito, como una deriva crítica que cuestiona, desde la práctica artística, las estructuras más arraigadas de nuestra relación con el tiempo.

El punto de partida es una frase aparentemente inocua “el hubiera no existe” que Vega desmonta con precisión. La frase se revela como un dispositivo de control temporal, como una insistencia cultural que busca clausurar la potencia de lo no realizado. Desde ahí, la conferencia se articula como una crítica al tiempo lineal occidental, ese régimen que organiza la experiencia bajo la lógica de causa y efecto, progreso y acumulación.

Frente a este modelo, Vega convoca una constelación teórica que va de Henri Bergson a Mircea Eliade, para proponer una comprensión del tiempo como duración, pliegue y simultaneidad. El tiempo es un campo donde coexisten capas heterogéneas, desde lo vivido, hasta lo recordado, lo imaginado y, crucialmente, lo no sucedido.
Es en este punto donde la investigación artística adquiere centralidad. A diferencia de los sistemas de conocimiento que buscan coherencia y verificación, el arte, según Vega, opera desde la anomalía, desde el uso “incorrecto” de los materiales y los sentidos. En diálogo indirecto con Thomas Kuhn, la práctica artística aparece como una interrupción de los paradigmas, como un espacio donde lo que no debería encajar, encaja, y produce otras configuraciones de sentido.

La pintura, en particular, se vuelve un territorio privilegiado para pensar estas dislocaciones. Lejos de una narrativa evolutiva como la que propondría Arthur Danto desde la historia del arte, Vega insiste en su carácter anacrónico, plantea una superficie donde el tiempo no se ordena, sino que se superpone. Incluso cuando cubre, la pintura revela; incluso cuando parece borrar, hace emerger lo que estaba debajo. La memoria pictórica, en este sentido, se resiste a la lógica de la censura y del olvido institucional.

Esta reflexión encuentra una dimensión particularmente potente en los ejemplos compartidos durante la conferencia. Por un lado, las intervenciones ficticias de Gonzalo García en el imaginario político evidencian que la historia no es más que una narración estabilizada, como una ficción que no falsea lo real, sino que lo expone como construcción. Por otro, el proyecto El sueño de la Electra de Mónica Martz M encarna de manera íntima la tesis central, al momento en que la artista le responde, décadas después, una carta nunca contestada a su padre. Es en ese instante donde se activa un tiempo que el relato histórico había clausurado. El “hubiera” se vuelve aquí presencia afectiva.

Vega nombra esta condición como una “simultaneidad armonizada”, un régimen donde las posibilidades no realizadas no desaparecen, sino que se desplazan a otra dimensión temporal. Para pensar este fenómeno, propone el concepto de huyección, creando así una categoría que no apunta ni al pasado ni al futuro, sino a ese espacio donde habitan las potencias no actualizadas. El “hubiera” deja de ser una carencia para convertirse en una forma de existencia.
Esta perspectiva resuena con las ucronías literarias desde Philip K. Dick hasta múltiples prácticas contemporáneas donde lo que no ocurrió adquiere densidad ontológica. Vega reconoce que esos mundos ya operan en nuestra experiencia, configurando decisiones, afectos y memorias.

En este marco, la memoria deja de ser un archivo pasivo para convertirse en una práctica activa. Recordar es intervenir, reconfigurar, incluso traicionar el pasado. Lejos de la obsesión por la fidelidad, la memoria se reivindica como potencia creativa, como una forma de conocimiento que transforma.
Vega propone la necesidad de construir un mundo para el “hubiera”. Un lenguaje capaz de nombrar aquello que no tuvo lugar en el tiempo histórico, pero que insiste, que afecta, que sigue operando. En un presente marcado por la crisis de la verdad y la proliferación de narrativas desde los archivos digitales hasta las inteligencias artificiales, esta propuesta adquiere una urgencia particular.
Algo que deja claro la investigación de Hugo Alejandro Vega es que la realidad no es menos real por ser inestable. Y que, quizás, en esa inestabilidad habita una de las fuerzas más potentes del arte, la capacidad de hacer existir aquello que nunca ocurrió.
