
Primer posicionamiento
Soy hijo del exilio.
Nací en el desplazamiento, en la interrupción de una continuidad. El exilio es una forma de leer el mundo desde la intemperie, de no aceptar como natural ningún lugar que se pretenda definitivo.
Soy hijo de la fractura, de lo que no cierra, de lo que no encaja, de lo que resiste toda forma de totalidad. En la grieta aprendí a mirar, donde la historia deja ver sus costuras, donde lo silenciado insiste. La fractura no es debilidad, es apertura. Es la posibilidad de que algo distinto emerja.
Crecí con la izquierda como lengua, como una forma de nombrar el mundo desde el cuidado, desde la justicia, desde la sospecha hacia toda forma de poder que se naturaliza. Una lengua que busca vincular, que escucha y mantiene abierto lo imposible.
Aprendí que la palabra puede sostener la vida, que decir NO es intervenir, que el lenguaje no es neutro, ya que puede ser instrumento de opresión. Por eso, hablar es un acto ético. Nombrar es tomar posición. Callar también.
Aprendí que la memoria es una forma de resistencia en presente, como una fuerza activa que impide la repetición de la violencia. Recordar es tensar el ahora con lo que no debe olvidarse, es hacer del pasado una interrupción constante del olvido que el poder necesita para operar.
Desde ahí, este manifiesto no pide permiso, no busca legitimidad en las estructuras que pretende desbordar.
Se enuncia como instrucción abierta:
Desobedecer lo que se presenta como inevitable.
Desobedecer la lógica que convierte la vida en recurso.
Desobedecer el miedo cuando se organiza como norma.
Desobedecer el silencio cuando se impone como prudencia.
Habito la fractura sin intentar cerrarla.
Sostengo la memoria sin convertirla en monumento.
Uso la palabra no para repetir, sino para interrumpir.
Porque venir del exilio es no aceptar ninguna forma de fascismo como destino.
Manifiesto
No estamos aquí para contemplar, estamos aquí para nombrar; para decir lo que se intenta borrar, para escuchar lo que el poder quiere silenciar.
Nombramos al imperialismo, como una práctica concreta de dominación,
de extracción, de control sobre los cuerpos, los territorios y los imaginarios.
El imperialismo no terminó – mutó.
Hoy opera como deuda,
como frontera,
como algoritmo,
como guerra económica,
como bloqueo,
como intervención.
Es un sistema que organiza al mundo en centros y periferias,
en vidas que importan y vidas descartables.
Y en ese mapa desigual,
América Latina ha sido una zona de sacrificio.
Los golpes de Estado, no son accidentes, son dispositivos.
Desde Brasil hasta Chile,
desde Argentina hasta Guatemala,
desde Venezuela hasta Colombia, la historia del continente está atravesada por interrupciones violentas
que derriban gobiernos,
reorganizan la economía,
disciplinan la vida,
reconfiguran al deseo.
Los golpes son militares, financieros, mediáticos, y judiciales.
Son tecnologías de poder que reordenan la sociedad
para hacerla funcional al capital global.
Porque cuando un pueblo decide su propio destino,
el sistema responde con violencia.
Porque la soberanía es peligrosa
cuando no es rentable.
El fascismo, no es una reliquia del pasado,
es una forma actualizada de silenciamiento y sometimiento.
El fascismo es un método. Un método de extracción.
Un método de colonialismo.
Un método para convertir la vida en recurso.
El fascismo produce miedo
para justificar el control. Produce enemigos
para legitimar la violencia. Produce silencio
para sostener la explotación.
En su versión contemporánea, opera en la normalización de la desigualdad,
en la criminalización de la protesta,
en la administración del abandono.
El poder Fascista reprime, organiza, produce, dirige. El control Fascista es conducción de conductas. Economía de los cuerpos.
Administración de la vida. Imposición de modelos extractivistas.
Es la minería que devora montañas,
el agronegocio que expulsa comunidades,
las finanzas que hipotecan futuros.
El control Fascista es la infraestructura invisible
de la violencia visible.
Huimos del hambre,
de la guerra,
del despojo,
de la violencia estructural. Huimos de un sistema que expulsa
y luego criminaliza al expulsado.
Migramos.
La migración es la huella del imperialismo.
Es el mapa del daño.
Es el rastro de un mundo que no distribuye la vida,
sino que la concentra.
Cuerpos en tránsito,
fronteras militarizadas,
identidades suspendidas. La migración es una consecuencia de los pueblos aplastados por el imperialismo.
Debemos crear una política desde abajo,
debemos crear una autonomía que no pide permiso,
una organización donde mandar es obedecer,
donde la comunidad decide,
y el tiempo no es el del capital. Donde el tiempo es el de la vida.
Frente al extractivismo – defensa del territorio.
Frente al control – autogestión.
Frente al fascismo – comunidad.
En Brasil, la selva arde para alimentar mercados.
En Argentina, la deuda condiciona la soberanía.
En Chile, se gesta el laboratorio neoliberal.
Cuba, es asfixiada por el nuevo bloqueo.
Venezuela, es ultrajada.
Colombia, es empujada a la disputa interna.
Guatemala, es atravesada por la historia del despojo.
Estos no son casos aislados, son síntomas de una misma estructura, una estructura que articula violencia, economía y poder
en una misma operación.
No estamos aquí sólo para denunciar, estamos aquí para afirmar. El arte no es adorno, es interrupción.
La poesía no es evasión. Es herramienta.
El sonido no es fondo,
es fuerza. El arte es lo que nos vuelve humanos.
La lucha por la equidad
es lo que da sentido a la vida.
Frente al fascismo – escuchar.
Frente al control – desbordar.
Frente al imperialismo – imaginar otras formas de estar juntos.
Resistir no es sólo oponerse – es crear.
Crear comunidad,
crear lenguaje,
crear mundos posibles.
Segundo posicionamiento
Es ahora cuando la memoria deja de ser recuerdo y se vuelve advertencia encarnada. No hay distancia posible entre lo que ocurrió y lo que insiste en repetirse con otros nombres, con la misma lógica de exclusión, silenciamiento y muerte administrada.
Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.
Martin Niemöller
Estas acciones no son un pasado clausurado. Son una estructura que se reactiva cada vez que el miedo organiza al mundo y la indiferencia lo legitima. El fascismo comienza con el silencio, con la fragmentación de lo común, con la ilusión de que la violencia siempre le ocurre a otros.
Por eso hablo.
No desde la identidad, sino desde la interdependencia radical de lo viviente.
Porque nadie está afuera. Porque toda exclusión prepara el terreno de la siguiente.
Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc…
Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.
Bertolt Brecht
El fascismo es la administración cotidiana de la precariedad, la normalización del daño, la legalización de la desigualdad. Es la maquinaria que decide qué vidas merecen sostenerse y cuáles pueden desgastarse hasta desaparecer.
Frente a ello, afirmo:
Que el silencio es complicidad.
Que la neutralidad es una forma de alineamiento.
Que toda vida vulnerada nos involucra.
Me niego a aceptar un mundo donde la muerte se distribuye según el valor económico, la pertenencia o la utilidad. Me niego a la pedagogía del miedo que aísla, separa y vuelve sospechoso al otro.
Este manifiesto convoca a una sensibilidad activa:
a percibir la violencia donde se oculta,
a interrumpirla donde se normaliza,
a desbordarla donde se impone.
No esperaremos a ser los últimos.
No hablaremos cuando ya no quede nadie.
Hablemos ahora, desde la grieta, desde el vínculo, desde la urgencia de sostener lo común antes de que sea reducido a ceniza. Porque cada forma de fascismo, visible o difusa,
encuentra su límite en la potencia de lo colectivo. Y esa potencia no se delega.
Se ejerce.
Postura para un cierre
Es momento de tomar un lugar en la historia. No como espectadores pasivos ni como cómplices silenciosos, sino como cuerpos presentes que asumen la responsabilidad de habitar el tiempo con conciencia y decisión. La historia no es un relato lejano ni una herencia intocable, es una materia viva que se transforma con cada gesto, con cada palabra, con cada acto de resistencia.
Es momento de poner los afectos en el centro. Frente a la lógica de la acumulación, que reduce la vida a cifra, rendimiento y mercancía, afirmamos la potencia de lo sensible, del cuidado, de la solidaridad, la empatía, la interdependencia. Allí donde el fascismo impone miedo, jerarquía y exclusión, respondemos con vínculos, con comunidad, con la certeza de que ninguna vida vale más que otra.
Nos oponemos a la barbarie del dinero cuando se erige como ley absoluta, cuando justifica la explotación, el despojo y la muerte. Denunciamos un sistema que convierte el dolor en estadística y la dignidad en privilegio. No aceptamos un mundo donde el beneficio económico se construye sobre cuerpos precarizados, territorios devastados y memorias borradas.
Reivindicamos el derecho a imaginar otros modos de existencia. A desobedecer las narrativas que naturalizan la violencia. A fracturar los discursos que legitiman el odio. A recuperar el lenguaje como espacio de creación.
Este no es solo un llamado a la indignación, sino a la acción. A organizarnos, a cuidarnos, a sostenernos mutuamente. A construir redes que desborden las estructuras del control y abran grietas en el orden impuesto.
Tomar un lugar en la historia es rechazar la indiferencia. Es elegir, una y otra vez, la vida por encima de la lógica de la muerte. Es entender que el presente es un campo de disputa y que cada decisión cuenta.
Frente al avance de la violencia estructural, afirmamos: no pasarán donde exista memoria, donde haya comunidad, donde los afectos sigan siendo más fuertes que el miedo.
Porque la historia no está escrita, la historia se encarna. Y hoy decidimos encarnarla desde la dignidad, el amor y la vida compartida.

