
En esta primera emisión exploraremos el tema «Glitch y memoria», una conversación sobre el error como potencia creativa, las fisuras del archivo, la imagen, la tecnología y las formas en que recordamos en la era digital.
En este primer capitulo tendremos de invitado al artista Josema Zamorano, cuya práctica reflexiona sobre el glitch, la experimentación audiovisual y los procesos de la memoria.

Entrevista – Josema Zamorano
El error como forma de recordar
En gran parte de tu trabajo, el error deja de ser un accidente técnico para convertirse en un lenguaje visual. ¿En qué momento descubriste que el glitch podía funcionar como una metáfora de la memoria, especialmente de esos recuerdos que se transforman, se deterioran o incluso se reinventan con el paso del tiempo?
JZ: Es un lugar común pensar en la fotografía como un recurso para guardar memorias familiares, de viajes, de la documentación de los sucesos cualquiera, etc. Paradójicamente para mi fue ahí mismo donde se puede decir que descubrí “el glitch” como recurso para cuestionar el status quo de la percepción estereotipada de la realidad, incluso de la memoria. Más allá de “tomar la foto”, el juego continuado con la cámara me llevó a no tomar la foto sino usar la cámara para decir otra cosa, y creo que esto es la fotografía experimental.
Mi padre, que había sido un buen fotógrafo aficionado, me decía que yo tomaba muy mal las fotos y tenía toda la razón. Me interesa usar la cámara rompiendo el proceso normal de “fijar las apariencias”. He experimentado de varias maneras con la cámara. Por ejemplo, tengo varios cuerpos de trabajo de foto callejera gesticulando con la cámara, como pintado a brochazos o pinceladas de luz. Otro caso es mi exhibición actual en Latitud 253 del libro Esta Primavera Abriente, que muestra algunas imágenes jugando con el glitch de un algoritmo dentro de la cámara (o sea, un filtro) para pintar una foto como acuarela. Este juego con el glitch surgió durante la pandemia. Yo no le permito al algoritmo encontrar las fronteras donde pintar y la pintura se derrama. Juego con los campos de color que se salen de los bordes mientras modulo cómo eso sucede.
Eso mismo hago para hacer video performance, creando en vivo imágenes en una proyección, como hicimos hace un par de días en Latitud 253 como parte de mi exhibición, en un diálogo visual y sonoro con las artistas de música experimental Sofia Escamilla y Paloma Luis.
Esta exhibición muestra otros trabajos de fotomontaje y collage que también son un juego con el rompimiento de la continuidad de la imagen fotográfica con el “error”. Como dice Didi Huberman, el montaje hace visibles los anacronismos, revela los encuentros de las temporalidades contradictorias, es un instrumento crítico.
El juego con el error permite cuestionar la prefiguración del proceso y así proponer una alternativa, hacer una reconstrucción de la realidad. Eso es una buena metáfora de la memoria en el sentido de que recordar nunca es un proceso mecánico sino siempre es una reconstrucción. También es una metáfora de la vida, que siempre se desdobla en otra cosa. Incluso cuando las células se reproducen replicando el ADN hacen errores que dan lugar a las mutaciones, y por consecuencia, a la diversidad que es la vida. La vida nace de la apertura de los accidentes. La memoria no es una cosa, también está viva, también es diversa. La inteligencia real también es diversa, no es modelada como en la IA.
El archivo como materia viva
Trabajas frecuentemente con fotografías, documentos y archivos. Cuando intervienes una imagen mediante procesos de glitch, ¿sientes que estás destruyendo un recuerdo, restaurándolo o creando una nueva memoria? ¿Cómo dialogan para ti el archivo, la ficción y la experiencia personal?
JZ: Cuando intervengo una imagen, digamos con el glitch del algoritmo para pintar fotos, no pienso en la memoria como lo que es, más bien estoy creando una nueva memoria, la intención es reconstruir la realidad en algo nuevo que tiene sentido para mi y mi contexto, aunque sea a partir de imágenes previas o ya hechas. De forma similar, no creo en el archivo como un conjunto de datos. En el caso de las fotografías, éstas son datos falsos en cuanto a que la realidad no es estática como está representada en la foto. En todo caso el archivo es un conjunto de indicios contextuales que cobran su valor real mediante la interpretación situada. Es la misma discusión sobre el estudio de la historia ¿verdad? La historia no está ya dada, así nomás. Me inclino por la filosofía de la historia que la explica como un acto de interpretación que está vivo, siempre en reconstrucción sensible. A la manera de la filosofía existencial, el ser no está ahí, frente a nosotros como una cosa. El ser está siendo en el mundo del cuál yo también soy parte. La pregunta para el artista de las imágenes, y especialmente cuando se usa una cámara, es cómo escapar a la mera representación y cómo darle un sentido singular a la realidad del mundo en el que vivo.
La tecnología también recuerda
Vivimos en una época en la que los algoritmos almacenan millones de imágenes y las inteligencias artificiales aprenden de enormes archivos visuales. ¿Crees que el glitch sigue siendo un espacio de resistencia frente a la aparente perfección tecnológica? ¿Qué nos dice el error sobre la manera en que las máquinas también «recuerdan» o procesan nuestra historia?
JZ: Buena pregunta, creo que vivimos en un mundo en dónde se vuelve urgente entender que si no metemos la mano para intervenir y cuestionar la sistematización de la realidad que ofrece la IA, terminaremos aplanando la textura de la realidad y encapsulando la vida. No es cosa menor, la vida florece en la diversidad y muere en la reducción sintética. Es un tema en el libro de discurso visual y textual Esta Primavera Abriente que ahora mismo estoy exhibiendo.
Aún considerando la inmensidad de los archivos visuales y textuales que alimentan la IA, los criterios para la construcción de esos archivos son inevitablemente sesgados y reduccionistas, ni de muy lejos contienen la realidad como un todo. Más aún, la llamada “caja negra” de la IA funciona con un algoritmo o programa que alguien ya programó para sus intereses particulares. Todas las versiones de IA de uso popular están específicamente hechas para aumentar las ganancias financieras de las compañías que las mantienen.
Más de fondo, la IA es una máquina de predicción mediante modelos de optimización estadística. La realidad sistematizada por la IA es una realidad optimizada, exactamente lo contrario a la infinita textura de la realidad o de la diversidad de la vida. A la larga, la realidad que proyecta la IA es una realidad “promedio”.
En ese contexto creo que nos toca, sobre todo a les artistas, resistir el encapsulamiento, siempre buscando abrir los pliegues no vistos aún de la realidad. Les artistas estamos orientados a cuestionar los medios con los que trabajamos y eso es ya un acto político. Nos toca abrir las grietas de la caja negra, desvelar sus tendencias racistas, reductivistas, explotativas, e intervenir el proceso con el glitch, el error, el hackeo. Aquí tú mismo Bruno, estás muy pulido ya en ese juego con el glitch para crear con la IA realidades nuevas.
Y no hay que olvidar las preocupaciones ambientales, también. No solo el aplanamiento de la diversidad, proyectado por el funcionamiento de la IA, es un peligro ambiental. La IA surge en medio de una crisis climática sin precedentes, demandando grandes extensiones de tierra para los data centers, minería explotativa y contaminante para fabricar los componentes, agua que ya no hay para enfriar los procesadores, energía que se satisface produciendo grandes cantidades de dióxido de carbono, y caducidad reducida del hardware que representa una grave contaminación química para la tierra. ¿Es realmente necesaria la IA? ¿Es un avance o un retroceso para la vida como un todo? ¿La tenemos que dar por hecho como una llegada irreversible, como se defendió por siglos la opresión de la colonización o se defendió por décadas el llamado “progreso” de la economía neoliberal globalizada? ¿No son esas asunciones las mismas que ahora mismo están en crisis total? Creo que nos toca a les artistas cuestionar el medio en toda su problemática, incluyendo sus dimensiones éticas.
Memoria, identidad y futuro
Si pensamos que toda memoria está inevitablemente incompleta, ¿qué papel puede desempeñar el arte glitch en la construcción de nuestra identidad colectiva? ¿Crees que el futuro de la memoria será cada vez más imperfecto, fragmentado y reescrito por las tecnologías digitales?
JZ: No hay memoria perfecta, siempre es una reinterpretación. Sobre las tecnologías digitales, es un campo muy abierto pero más bien hemos hablado de la IA. Yo pensaría que la IA de suyo, por cómo funciona y de dónde viene, lleva un fuerte sesgo a la encapsulación y a la manipulación. El uso no crítico de la IA promueve identidades optimizadas, estandarizadas, que faciliten las ganancias. Se ha discutido bastante que la manera cómo la IA se ha instalado apropiándose de lo que pueda, como otra forma de colonización, más abstracta que las colonizaciones previas, pero con la misma vieja bandera del “progreso” inevitable. Sin duda el arte glitch tiene un papel fundamental en la crítica de esta realidad que no ofrece un futuro posible. El pensamiento artístico puede liderear una reflexión sobre los intereses de esas tecnologías y su verdadera ausencia de sustentabilidad ambiental.
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Así mismo contaremos con el acto sonoro del proyecto artistico Śūnyatā, con una intervención que expandirá la conversación hacia el territorio de la escucha y la experimentación sonora.
Una hora de radio para pensar el arte contemporáneo desde el ruido, el accidente, la memoria y las imágenes que persisten cuando todo parece desvanecerse.

