
Perú-España, 2025, 132 min.
D, G y E: J.D. Fernández Molero.
Punku es una experiencia liminal donde el cine se convierte en un umbral entre mundos. J. D. Fernández Molero construye una de las propuestas más ambiciosas del 45 Foro Internacional de Cine, una obra que desafía las categorías de ficción y documental para explorar las relaciones entre el territorio, la memoria, el cuerpo y lo invisible.
Desde sus primeras películas, J. D. Fernández Molero ha concebido el cine como un territorio de experimentación donde la imagen desestabiliza la realidad. Con Videofilia (y otros síndromes virales) (2015), el realizador peruano exploró la contaminación visual de la cultura digital y obtuvo el Tiger Award en el Festival de Róterdam. Una década después, Punku confirma la madurez de una búsqueda estética que ahora desplaza su mirada hacia la Amazonía peruana, un espacio donde la naturaleza, el mito y la experiencia contemporánea conviven en un mismo horizonte sensible.
El título de la película ofrece una primera clave de lectura. Punku, palabra quechua que significa «puerta», aludiendo a un umbral entre dimensiones. La película atraviesa el límite entre la realidad y el sueño, entre lo humano y lo espiritual, entre la percepción y el recuerdo.

La historia sigue a Meshia, quien encuentra a Iván, un niño desaparecido durante dos años, y lo acompaña hasta Quillabamba para que reciba una cirugía ocular. Mientras el niño intenta reconstruir una experiencia traumática que apenas logra comprender, Meshia alimenta el deseo de participar en un concurso de belleza. Dos trayectorias aparentemente opuestas terminan cruzándose en un relato donde la identidad aparece como un proceso de transformación permanente.
Punku no reduce estos acontecimientos a una explicación psicológica, en ella el trauma de Iván se manifiesta mediante sueños, presencias y visiones que permanecen abiertas a múltiples interpretaciones. La película se instala deliberadamente en un espacio de ambigüedad donde lo sobrenatural es parte de la realidad cotidiana. En este sentido, Fernández Molero evita tanto el realismo mágico convertido en estereotipo como el exotismo con el que frecuentemente se representa la Amazonía en el cine occidental.
La selva es una presencia viva que organiza la percepción del tiempo, la memoria y los vínculos entre los personajes. Los ríos, la vegetación y la humedad construyen una atmósfera donde lo visible parece contener siempre otra realidad latente. La naturaleza funciona como un agente narrativo que transforma continuamente la experiencia de quienes la habitan.

Rodada en 16 mm, Súper 8 y formato digital, Punku convierte la diversidad de soportes en una estrategia narrativa. Cada textura modifica la relación con el tiempo y con la memoria, donde el grano del celuloide evoca una temporalidad casi arqueológica, mientras que el registro digital introduce inmediatez. La materialidad de la imagen deja de ser un aspecto técnico para convertirse en parte esencial del sentido de la obra.
Esta multiplicidad de formatos dialoga con el propio relato. Así como los personajes atraviesan distintas dimensiones de la experiencia, la película transita entre diversas materialidades del cine. Fernández Molero recuerda que cada tecnología produce una forma distinta de ver y que la imagen cinematográfica continúa siendo un territorio de exploración física, no únicamente digital.
El concurso de belleza en el que Meshia decide participar introduce otro nivel de lectura. Frente a la densidad espiritual del paisaje amazónico, emerge un imaginario contemporáneo construido alrededor de la representación del cuerpo, el espectáculo y el reconocimiento social. La película evita establecer una oposición simplista entre tradición y modernidad; muestra cómo ambos universos conviven y se contaminan mutuamente en las experiencias de sus protagonistas.

Formado entre Lima, Buenos Aires y Nueva York, integrante de Berlinale Talents y también crítico de cine, Fernández Molero ha desarrollado una filmografía interesada en los límites del lenguaje cinematográfico. Desde Tiempo Libre, la productora que fundó en 2008, ha impulsado además la producción, distribución y formación cinematográfica independiente en Perú, consolidándose como una de las voces más originales del cine latinoamericano contemporáneo.
No sorprende que Punku haya recorrido espacios como el Forum de la Berlinale, BAFICI, Cartagena o Nuevos Horizontes. Se trata de una película que encuentra su lugar natural en aquellos festivales donde el cine es entendido como una forma de investigación estética antes que como un producto narrativo convencional.
Dentro del 45 Foro Internacional de Cine, Punku dialoga con otras obras interesadas en la memoria, el archivo y las identidades desplazadas. Sin embargo, su apuesta va un paso más allá, ya que nos propone una reflexión sobre los límites mismos de la percepción. ¿Qué significa ver? ¿Qué permanece oculto incluso cuando recuperamos la mirada? ¿Cuántos mundos coexisten detrás de aquello que creemos conocer?
En una época dominada por la transparencia de las pantallas y la saturación de imágenes, Punku reivindica el derecho al misterio. Fernández Molero filma la Amazonía para conservar su capacidad de interpelarnos. Su cine entiende que toda imagen auténtica es, antes que una respuesta, una puerta abierta hacia aquello que todavía no sabemos mirar.
