
Hay proyectos que entienden el sonido como una forma de conocimiento. Sur Aural es un espacio donde escuchar significa también producir memoria, activar comunidades y construir otras maneras de relacionarse con el mundo. En su octava edición, titulada Resistencias Rituales / Ritual Resistance, el proyecto propone una programación articulada alrededor de los “rituales de re-existencia”, desplazando la escucha hacia una dimensión política, territorial y colectiva. El festival se desarrollará del 24 de agosto al 5 de septiembre de 2026, articulando transmisiones, laboratorios y sesiones de escucha.
La palabra resistencia implica generar prácticas capaces de sostener la vida, la memoria y la imaginación allí donde las formas dominantes de representación resultan insuficientes. El ritual, en este contexto es una tecnología contemporánea de encuentro, una manera de reunir cuerpos, voces, sonidos, conocimientos y territorios para producir experiencias compartidas.
Uno de los aspectos significativos del programa es su apuesta por la transmisión sonora. La radio de Sur Aural funcionará como una extensión del festival, llevando las propuestas de sus participantes hacia un territorio que no depende de la presencia física. La radio se convierte en un espacio artístico, en una frecuencia compartida donde las obras existen como voces, sonidos, atmósferas, interferencias y relatos.
El concepto de re-existencia desplaza la discusión de la resistencia hacia la capacidad de volver a existir de otras maneras. Re-existir implica recuperar la posibilidad de imaginar futuros diferentes, pero también reconocer que existen saberes, sensibilidades y formas de comunidad que han sobrevivido fuera de los relatos hegemónicos. El sonido se convierte entonces en un territorio para hacer perceptibles esas otras presencias.
Dentro de esta programación adquieren interés las participaciones de la artista sonora colombiana Nata Montoya y del artista multimedia brasileño con residencia en México Bruno Bresani, cuyas propuestas permiten ampliar la reflexión sobre las posibilidades contemporáneas de la escucha. Sus intervenciones pueden entenderse dentro de esa lógica que atraviesa la octava edición, al producir experiencias sonoras que construyen preguntas sobre memoria, cuerpo, tecnología, luchas sociales en latinoamerica y territorio.
Sur Aural se construye alrededor de una experiencia expandida de la escucha. La presencia de artistas en residencia y la selección de participantes para las transmisiones radiales de agosto y septiembre de 2026 muestran una estructura que articula creación, investigación, acompañamiento y circulación.

La presencia de Nata Montoya, dentro de la programación puede leerse desde la sensibilidad hacia el sonido como materia de exploración y como espacio para producir otras formas de percepción. Su participación se integra a una programación que entiende el medio radiofónico como un lugar de experimentación. En este contexto, escuchar supone abrirse a lo imprevisible, permitiendo que el sonido genere asociaciones, desplazamientos y estados de percepción.
En este sentido transmitir implica crear un espacio común, aunque quienes participan se encuentren geográficamente separados. La radio convierte la escucha en acontecimiento y permite que una práctica localizada pueda desplazarse hacia otros territorios. Frente a la saturación de imágenes característica de nuestra contemporaneidad, escuchar supone también aceptar otra temporalidad, aceptar una experiencia menos inmediata, más vulnerable y más abierta a la imaginación.
La propuesta de Bruno Bresani, establece un diálogo con la noción de re-existencia planteada por Sur Aural. Su investigación artística alrededor del archivo, la memoria social y las lucha de las madres buscadoras en México encuentra en la radio un medio capaz de desplazar las voces que muchas veces son silenciadas hacia una experiencia expandida en el tiempo. La transmisión se convierte así en un de archivo vivo, en un espacio donde fragmentos, voces, ruidos y memorias se reorganizan para producir otras relaciones.
Esta dimensión resulta significativa en un contexto latinoamericano marcado por la disputa de los territorios, las memorias y las narrativas. Frente a una cultura visual que constantemente produce imágenes sobre los cuerpos y los lugares, el sonido abre una relación diferente con aquello que no se deja representar completamente. Un ruido, una voz, una respiración, una interferencia o un paisaje sonoro funcionan como huellas de una presencia que no necesita convertirse en imagen para existir.
Este desplazamiento resulta relevante ya que la radio introduce una condición, la ausencia de imagen, y nos lleva a donde el sonido nos obliga a imaginar. Lo que no vemos debe ser reconstruido mentalmente. La escucha produce imágenes interiores y, con ellas, una relación distinta con la memoria.
Por eso, la noción de archivo sonoro aparece como una posibilidad política. Archivar sonidos significa conservar algo más que información, implica preservar atmósferas, voces, acentos, silencios, formas de hablar y maneras de habitar. El archivo deja de ser una institución cerrada para convertirse en una materia viva, susceptible de ser reinterpretada y reactivada. En Sur Aural, esta dimensión se extiende también hacia su propio archivo, ya que el festival permite recuperar las transmisiones de re/sonancias – 2025, haciendo de la escucha acumulada una memoria disponible para otras experiencias.

En este sentido, las participaciones de Montoya y Bresani pueden situarse dentro de una de las preguntas del festival ¿cómo crear rituales contemporáneos capaces de activar otras formas de existencia? La respuesta esta en reconocer que también podemos construir rituales a partir de las memorias, las luchas de los pueblos originarios y las tecnologías actuales. Una transmisión radiofónica puede ser un ritual; una sesión de escucha puede ser un encuentro; una frecuencia compartida puede convertirse en territorio común.
Hay una tensión permanente entre resistencia y tecnología. La radio, las plataformas digitales y los dispositivos de transmisión pertenecen a una infraestructura tecnológica global, pero pueden ser apropiados para producir discursos y comunidades que escapan a la lógica dominante de esas mismas tecnologías. El gesto crítico no consiste necesariamente en rechazar la tecnología, sino en modificar sus usos y posibilidades.
Desde esta perspectiva, Sur Aural participa de una genealogía latinoamericana de prácticas que han entendido los medios como herramientas de autonomía cultural. La transmisión se transforma en territorio; la frecuencia, en espacio de encuentro; la escucha, en una forma de participación. El festival no solamente presenta obras, construye condiciones para que otras voces puedan aparecer, circular y permanecer.
La transmisión de las obras en este sentido resulta poderosa porque introduce una dimensión de deslocalización. Quien escucha no necesita encontrarse físicamente en el lugar donde ocurre la acción. Puede hacerlo desde otro territorio, desde otra ciudad o incluso desde otro momento. La radio produce una comunidad invisible, creando cuerpos separados geográficamente que coinciden temporalmente en un mismo acontecimiento sonoro.
En este sentido los rituales de re-existencia propuestos para esta octava edición pueden leerse, como una invitación a recuperar la capacidad colectiva de escuchar. Escuchar al otro, escuchar el territorio, escuchar aquello que ha sido desplazado del discurso oficial y escuchar incluso los silencios que permanecen alrededor de las narrativas dominantes. Adquiriendo así una dimensión política cuando se relaciona con la idea de resistencia. Resistir significa también crear canales alternativos para que otras voces circulen. En ese sentido, la radio recupera una potencia que parecía haber quedado desplazada por las plataformas audiovisuales contemporáneas, creando la posibilidad de construir una experiencia colectiva a partir de la escucha.
En tiempos en que la producción cultural parece estar cada vez más determinada por la velocidad, la visibilidad y la circulación inmediata de imágenes, proyectos como Sur Aural reivindican una experiencia diferente, el de hacer del tiempo de la escucha un espacio de resistencia. Allí donde la imagen muestra, el sonido sugiere; donde el discurso afirma, la escucha abre preguntas; donde la cultura institucional clasifica, una comunidad sonora mezcla, contamina y transforma.

Las propuestas sonoras dentro de esta arquitectura nos permiten pensar el sonido como un espacio de tránsito entre lo íntimo y lo colectivo, entre archivo y experiencia, entre memoria y presente. Recordándonos que escuchar no es simplemente recibir información, es activar una disposición sensible hacia aquello que todavía no conocemos.
En este sentido Sur Aural propone un festival que ocurre simultáneamente en varios niveles, penetrando en los cuerpos presentes, en los espacios de encuentro, en los laboratorios y sesiones de escucha, pero también en la intimidad de quienes reciben la transmisión. En este sentido la obra sonora deja de pertenecer exclusivamente al lugar donde fue producida y comienza a desplazarse por una red de oyentes.
La octava edición nos propone re-existir a través de la escucha. Hacer del sonido una forma de encuentro y de la transmisión un territorio compartido. Entre el ruido, la voz, el silencio y la interferencia, Sur Aural construye así una frecuencia desde la cual podemos imaginar otras maneras de estar juntos.
