
En el marco del Seminario RC14, Exagerardo nos propone un recorrido por más de tres décadas de exploración visual, sonora y poética. El lenguaje del silencio se plantea como un proceso en construcción que articula memoria personal, imaginarios prehispánicos, espiritualidad y experimentación gráfica.
El punto de partida del proyecto se encuentra en una búsqueda por construir un lenguaje visual arraigado en México, pero alejado de una aproximación meramente folclórica. La figura del maracame, el «cantador» dentro de la tradición wixárika, aparece como una referencia para comprender la relación entre sonido, ritual y estados de percepción. El canto prolongado, entendido como una forma de tránsito hacia otros estados de conciencia, permite al artista pensar el sonido como una vía de conocimiento.
Esta preocupación se extiende a la imagen. Los patrones geométricos, las representaciones de Quetzalcóatl, las referencias a los Vedas, la meditación y las ideas sobre campos de energía configuran un vocabulario visual que busca representar aquello que normalmente permanece invisible. El dibujo se convierte así en una tentativa de hacer visible el sonido, la vibración y la experiencia interior. La obra funciona, en este sentido, como una suerte de diario construido durante décadas, donde cada dibujo, pintura, poema o fotomontaje registra una experiencia, un aprendizaje y una transformación personal.

El collage introduce una dimensión particularmente significativa. Después de haberlo abandonado durante años, el artista lo recupera como un medio espontáneo, impredecible y cercano a la improvisación musical. La relación con el jazz, especialmente con la libertad de músicos como John Coltrane o Miles Davis, le permiten entender el collage como una práctica de riesgo, al combinar fragmentos sin conocer completamente el resultado y permitir que la obra aparezca durante el proceso.
En esta operación de montaje, las imágenes religiosas occidentales son intervenidas y desplazadas. Cristos, vírgenes y otros símbolos cristianos se transforman en entidades cósmicas o dialogan con figuras provenientes de las culturas mesoamericanas. El procedimiento busca revelar el sincretismo que ya forma parte de la cultura mexicana, donde la convivencia, la superposición y la transformación de imaginarios producen un encuentro violento entre las cosmovisiones.
En un punto el collage deja de mirar únicamente hacia las cosmologías antiguas para internarse en la propia memoria. Fotografías de infancia, experiencias de maltrato, rupturas afectivas y estados emocionales aparecen incorporados a las composiciones. El concepto junguiano de la «sombra» se convierte entonces en una herramienta para mirar aquello que permanece oculto.

Esta dimensión autobiográfica transforma el proyecto en un ejercicio de autoindagación. La imagen se convierte en un espacio donde el artista confronta sus propios conflictos. La figura de Cristo flagelado, funciona como espejo de una experiencia de ruptura, mientras que su transformación posterior en un león representa la posibilidad de abrirse nuevamente a la vida.
La incorporación de pequeños poemas, escritos incluso con la propia caligrafía del artista, profundiza esta relación entre imagen y escritura. Los llamados micro universos condensan sueños, recuerdos y estados emocionales en piezas mínimas, donde texto e imagen funcionan como una sola unidad. El proyecto avanza así hacia una concepción expandida del collage, donde no sólo encontramos procedimiento visual, sino una forma de pensamiento basada en la asociación, el fragmento y la superposición.
Uno de los retos actuales de El lenguaje del silencio consiste precisamente en lograr que sus distintas dimensiones, la imagen, la poesía y el sonido, dejen de funcionar como elementos independientes. Exagerardo reconoce la necesidad de producir otras piezas sonoras que establezcan una relación más directa con los collages y los textos. La búsqueda de esa correspondencia puede ser, paradójicamente, uno de los aspectos más fértiles del proyecto, mediante la exploración de una forma en la que el silencio, la imagen, la palabra y el sonido puedan hablar desde un mismo territorio sensible.

En ese sentido, El lenguaje del silencio puede leerse como una investigación sobre la memoria y la identidad a través del montaje. Su materia prima son fragmentos culturales, religiosos, familiares y autobiográficos que, al ser desplazados y combinados, producen otras relaciones. De esta forma el collage se convierte en una práctica de reconstrucción, desarmando las imágenes heredadas para volverlas a ensamblarlas desde una experiencia contemporánea y personal.
Exagerardo busca aquello que sobrevive debajo de las imágenes, busca los símbolos, los afectos, los conflictos y las formas de comprender el mundo que continúan operando en el presente. El resultado es una obra que se mueve entre archivo y autobiografía, entre ritual y experimentación, entre memoria y sueño. Un lenguaje que intenta escuchar el silencio.
