
En la tercera sesión del Seminario RC14, organizado por Zona de Riesgo, Chito Tenorio presentó un proceso fotográfico que se mueve entre la superstición, el desnudo masculino, la memoria familiar y las formas populares de ritualidad. La presentación permitió observar las preguntas que aparecen después de crear, en este proceso el autor se enfrenta a qué significa trabajar con la propia identidad y hasta qué punto una imagen puede abrir un diálogo entre lo íntimo y lo colectivo. El artista reconoce que el proyecto surgió inicialmente desde una capa que percibía como superficial, pero que el proceso terminó revelando conexiones profundas con su historia personal y cultural.
El proyecto nació alrededor de una serie de supersticiones vinculadas con experiencias cotidianas, encontrando se con el mal de amores, el miedo al fracaso, el susto, el mal de ojo, el deseo de controlar el amor o incluso la muerte. Lo que podría parecer un repertorio anecdótico de creencias populares se convierte gradualmente en un territorio de investigación sobre los miedos humanos y las estrategias simbólicas que utilizamos para enfrentarlos. La limpia con huevo, el bolillo para el susto o el ojo de venado adquieren una dimensión corporal y afectiva.
Uno de los desplazamientos significativos del proyecto ocurre cuando Chito decide incorporar el desnudo masculino y las genitalidades, elementos que no habían formado parte de su producción anterior. El cuerpo aparece entonces como una superficie ritual, como un espacio de deseo, vulnerabilidad y confrontación. Las fotografías establecen un diálogo entre el imaginario homoerótico, el pictorialismo, el misticismo y las representaciones populares de la muerte. La decisión de trabajar con varios modelos amplía la dimensión performativa de las imágenes y rompe con una estructura que el artista había mantenido en trabajos anteriores.

La dimensión autobiográfica emerge mediante la relación del autor con su abuelo. Chito plantea una colaboración basada en los albures, el humor y las supersticiones transmitidas entre generaciones. Su abuelo, próximo a los noventa años y atravesando un proceso de enfermedad, aparece como depositario de una memoria cultural y afectiva permanente. La posibilidad de convertir esta relación en una acción performática o una lectura conjunta introduce otra capa al proyecto, donde la fotografía deja de ser únicamente una producción visual para convertirse en un espacio de transmisión intergeneracional.
Este vínculo también permite pensar la superstición como una forma de conocimiento popular. Chito señala cómo determinadas prácticas pueden estar desapareciendo entre las generaciones más jóvenes, al mismo tiempo que resurgen otras formas de pensamiento mágico en un contexto marcado por la incertidumbre social y política. Incluso la idea de un “mal de ojo virtual” evidencia cómo estas estructuras simbólicas sobreviven y se transforman en el entorno digital. La superstición, desde esta perspectiva, continúa funcionando como una manera de nombrar y enfrentar aquello que escapa al control.
La exposición incorpora además elementos que desbordan la fotografía. El montaje fue concebido como una especie de capilla funeraria, acompañada por música, aromas y objetos religiosos encontrados. La aparición fortuita de una imagen de San Martín Caballero entre una bolsa de marcos y fotografías antiguas se convierte en parte de la lógica del proyecto. El azar, la recolección y el hallazgo funcionan como procedimientos creativos que conectan la producción contemporánea con una cultura material cargada de símbolos y creencias.

El blanco y negro constituye otro elemento central. Chito lo presenta como un lenguaje que le permite llevar la imagen hacia un estado de contemplación. Aunque el proceso de creación parte del color, la imagen final encuentra en la escala de grises una forma de distanciamiento y apertura interpretativa. En palabras del artista, el blanco y negro es el lenguaje en el que se siente identificado y mediante el cual busca construir una experiencia contemplativa.
Uno de los aportes de la discusión colectiva durante el encuentro fue cuestionar la idea de que el proyecto fuera “superficial”. La conversación planteó que lo cotidiano y lo aparentemente anecdótico no necesariamente están separados de lo profundo. Una superstición puede contener una historia familiar, una estructura social, un miedo colectivo o una memoria cultural. El reto no sería entonces abandonar lo popular, sino profundizar en las relaciones que esas imágenes ya contienen.
En este sentido, la obra no se presenta como una respuesta definitiva, sino como un proceso susceptible de ser transformado por las preguntas de quienes la observan. La discusión sobre el abuelo, el desnudo, la cultura mexicana, la tradición, el blanco y negro y la instalación abre otras posibilidades para el proyecto.
La presentación de Chito Tenorio deja así una pregunta ¿qué ocurre cuando una práctica artística aparentemente construida desde la superstición y la nostalgia comienza a revelar las estructuras profundas de una identidad? Quizá ahí radique la potencia de este trabajo. En lugar de mirar las creencias populares como restos de un pasado, Chito las utiliza como dispositivos para hablar del cuerpo, del deseo, de la muerte, del miedo y de la memoria.
