
En el marco del Seminario RC14, organizado por Zona de Riesgo y coordinado por Mónica Martz y Bruno Bresani, la tercera conferencia abrió un espacio para compartir procesos fotográficos antes de que estos se conviertan en obras cerradas. Andrés LR presentó dos líneas de investigación que, aunque parten de preocupaciones distintas, comparten una pregunta ¿qué significa mirar? La dinámica del seminario subraya precisamente esta condición procesual, en la cual no se trata de un taller ni de un diplomado, sino de un espacio permanente de intercambio donde las obras se transforman a partir de la conversación y la escucha colectiva.
La primera serie, Volver a Mirar, surge de un ejercicio aparentemente sencillo, detenerse frente al cielo. Andrés describe largas jornadas observando nubes, fotografiando y escribiendo, en una práctica que desplaza la mirada del primer plano hacia aquello que habitualmente permanece en el fondo. Esta operación adquiere una dimensión crítica frente a los ritmos contemporáneos, donde contemplar puede parecer una pérdida de tiempo. El cielo aparece entonces como un territorio olvidado y, al mismo tiempo, como una posibilidad de recuperar una experiencia de atención que la vida cotidiana parece haber erosionado.

Las nubes funcionan aquí como una metáfora de la impermanencia. Su transformación constante permite pensar también la fragilidad de la existencia humana, la memoria y los vínculos familiares. La fotografía se convierte así en una forma de pausa, en una mirada que significa producir un tiempo distinto para pensar. En este sentido, Volver a Mirar propone una resistencia frente a la velocidad y la productividad, recuperando la contemplación como práctica sensible.
La segunda investigación, Fuera del Nombre, desplaza la pregunta hacia la relación entre humanos y otras especies. A partir de Jacques Derrida y Donna Haraway, Andrés cuestiona las categorías que históricamente han establecido una separación entre lo humano y lo animal. El proyecto parte de una reflexión sobre el acto de nombrar, en el cual nombrar produce significados, jerarquías y formas de relación. La serie intenta imaginar, precisamente, aquello que queda fuera de esas estructuras de clasificación.
Uno de los aspectos del proyecto es la incorporación de inteligencia artificial. Andrés utiliza esta tecnología para reconstruir animales ausentes e integrarlos en imágenes digitales vinculadas con acontecimientos reales relacionados con pérdida, duelo, lucha y resistencia. La herramienta tecnológica adquiere así una función paradójica, ya que es una tecnología asociada a profundas transformaciones ecológicas y es utilizada como una especie de dispositivo forense para devolver presencia a quienes han quedado fuera de las narrativas humanas.

La propuesta busca modificar las condiciones de la mirada. La imagen se convierte en un espacio de coexistencia imaginaria donde lo humano y lo animal pueden compartir una presencia sin que uno deba ocupar necesariamente una posición dominante. La noción de co-constitución, retomada de Haraway, permite pensar estas imágenes como ejercicios de relación.
El diálogo posterior con los participantes del seminario nos ayudo a comprender el carácter abierto del trabajo. La discusión sobre el uso del blanco y negro, por ejemplo, llevó a considerar cómo la ausencia de color puede hacer evidente el carácter construido de la imagen y enfatizar sus elementos formales, dejándonos en las líneas, las superficies, los planos y la composición. Del mismo modo, la conversación sobre la presencia o ausencia de textos planteó una pregunta para el proyecto ¿las imágenes deben ser explicadas o pueden producir por sí mismas una experiencia en quien las observa?
La conferencia de Andrés nos muestra que una obra fotográfica puede comenzar mucho antes de la cámara. Puede surgir de una interrupción, de una pregunta personal, de la necesidad de volver a mirar aquello que hemos dejado de observar. En Volver a Mirar, el cielo funciona como una invitación a recuperar la contemplación; en Fuera del Nombre, el animal aparece como una presencia que cuestiona nuestras certezas sobre el lenguaje, la memoria y la representación.
Lo más valioso de ambos procesos es que permanecen abiertos. No buscan ofrecer respuestas definitivas, sino construir condiciones para que la fotografía funcione como un lugar de interrogación.
