Encuentro del Seminario RC14 con el maestro artista y filosofo Hugo Alejandro Vega

Mónica Martz M
¿Qué significa tener alma? Una pregunta, aparentemente sencilla, abre una zona donde la imagen, la naturaleza, la memoria y aquello que llamamos realidad dejan de ocupar lugares estables. En la sesión del 5 de septiembre, Hugo Alejandro Vega propuso pensar el alma como una posibilidad de existencia, como aquello que insiste, que nos afecta, que persiste y que, a través de la mirada, puede adquirir potencia.
El punto de partida fue provocador, al retomar una anécdota relacionada con Elba Esther Gordillo y un supuesto ritual en Nigeria, en el cual un chaman le dijo a Gordillo que no tenia alma, esta afirmación le sirvió a Vega para introducir una pregunta incómoda ¿qué significa que alguien nos diga que no tenemos alma? El relato nos funciona como detonador para revisar la idea sobre el alma, la cual aparece como una construcción histórica, religiosa y filosófica que ha servido para establecer jerarquías entre el cuerpo y el espíritu, entre la humanidad y la naturaleza, entre la razón y la sensibilidad, entre la realidad y la ficción.
Vega recupera la genealogía occidental del concepto del alma para señalar una idea sugerente, en la cual el alma antes de convertirse en una entidad espiritual separada del cuerpo, estuvo vinculada con el movimiento, con el principio vital y, posteriormente, con la imagen que permanece después de la muerte. La imagen sería así una forma de supervivencia, un vestigio que se resiste a la desaparición. Lo que queda cuando alguien ya no está no necesariamente es un espíritu trascendente; puede ser una imagen, una huella, una memoria.

Mónica Martz M
Esta lectura permite invertir una relación tradicional. La imagen deja de ser una simple representación de algo que existe previamente y comienza a pensarse como un modo particular de existencia. De ahí surge uno de los conceptos de la sesión, el concepto de las existencias menores. No se trata de existencias inferiores, sino de aquellas formas de realidad que suelen quedar fuera de los sistemas que privilegian lo estable, lo cuantificable y lo permanente. Una nube, una flor, un recuerdo, una posibilidad, un objeto cargado de afecto o una imagen fotográfica pueden existir de maneras que no coinciden con la idea convencional de realidad.
En este punto, el pensamiento de Spinoza aparece. El conatus, entendido como el esfuerzo de cada cosa por perseverar en su existencia, permite desplazar la pregunta, por que ya no se trata de decidir qué tiene o no tiene alma, sino de observar qué fuerzas buscan persistir, qué relaciones aumentan nuestra potencia de existir y qué encuentros producen otras posibilidades de existencia.
El artista adquiere entonces una función, la de testigo, pero también la de abogado. Crear no significa necesariamente inventar algo desde cero; puede significar reconocer una existencia que ya estaba allí, aunque permaneciera invisible para los demás. El artista atestigua aquello que ha percibido y mediante la obra le concede un espacio de permanencia. La creación se convierte así en una forma de defensa de aquello cuya realidad todavía no ha sido reconocida.
La discusión dentro del seminario hizo visible esta idea a través de compartir experiencias íntimas de sus integrantes. En ellas una ceiba se convertía en un territorio de afecto; una fotografía antigua encapsulaba emociones e historias; una semilla adquirió la forma imaginaria de un gato; un objeto doméstico acumulo usos, recuerdos y afectos hasta convertirse en una suerte de santuario cotidiano. La existencia del objeto dejo de reducirse a su materialidad. El dialogo entre los participantes nos mostró que hay algo que acontece entre el objeto y quien lo mira, eso abrazo a una idea de alma.

Mónica Martz M
También apareció la fotografía como un territorio privilegiado, ya que una imagen puede contener aquello que el ojo no percibió en el instante de la toma, se manifiesta así una filtración de luz, una presencia accidental, el rastro de una mariposa que murió contra un parabrisas. El llamado en este caso error fotográfico se transforma en una aparición del alma. La cámara se convierte en un dispositivo para intensificar las existencias que permanecían fuera de nuestra percepción inmediata.
Esta dimensión de lo efímero y lo inmaterial es significativa dentro un seminario dedicado a los estudios de la imagen. Si fotografiar supone, en cierto sentido, arrancar algo del flujo del tiempo para hacerlo permanecer, toda fotografía participa de una tensión entre desaparición y supervivencia. La imagen no conserva simplemente un instante, ya que produce una relación con aquello que ya no está, convirtiéndose así en una forma contemporánea de alma.
La memoria familiar a través de fotografías, cenizas, fichas bibliográficas, textos, ropa, libros y humo se hace presente mediante objetos que son capaces de activar la presencia de alguien ausente y esto es porque mantienen abierto un vínculo, un portal entre tiempos. El archivo deja de ser entonces un depósito de cosas muertas para convertirse en un campo de fuerzas donde las existencias continúan transformándose.

Bruno Bresani
Uno de los momentos de la sesión fue aquel en que el concepto del alma dejó de pertenecer exclusivamente a los seres humanos. El encuentro con un animal, con un objeto, con una planta o con una imagen modifican nuestra propia experiencia de estar vivos. Reconocer un “algo más” en aquello que parecía inerte implica abandonar la posición de dominio desde la que solemos mirar el mundo.
El diálogo de los integrantes del seminario no dejó al alma en una categoría inocente. Al contrario, ya que una de las discusiones que surgieron fue que señaló su dimensión política, ya que históricamente, determinar quién tiene alma y quién no ha servido para establecer relaciones de poder y exclusión. La pregunta por el alma puede convertirse en una herramienta de dominación cuando se utiliza para definir qué cuerpos, qué sujetos o qué formas de existencia merecen reconocimiento. Recuperarla desde el arte implica, por ello, desmontar esa jerarquía y devolverle su dimensión potencial, ya que tener alma no es privilegio, sino una capacidad de existir, afectar y ser afectado.
La sesión concluyó con un ejercicio sencillo, pero potente, los integrantes debían convertirse en testigos de una existencia menor. Buscar en el archivo personal, en la casa o en el entorno cercano aquello que alguna vez produjo un encuentro difícil de explicar. La propuesta desplaza así la teoría hacia la práctica, ya no se trata solamente de comprender qué es una existencia menor, sino de aprender a reconocerla.
En ese gesto reside una de las aportaciones de la sesión de Hugo Alejandro Vega al Seminario RC14, ya que frente a una cultura obsesionada con clasificar, medir y estabilizar la realidad, el arte puede operar en sentido contrario, abriéndola y explorando sus capacidades inmateriales y fugaces, haciendo visible lo efímero, escuchando lo que no habla, reconociendo aquello que todavía no tiene nombre, conservando la huella antes de que esta desaparezca.
En este sentido conceder alma no es otorgar vida a las cosas, sino reconocer la vida que ya estaba ocurriendo en ellas.
Y ahí es donde comienza la tarea del arte, en mirar aquello que nadie mira todavía, y construir, mediante acciones, sonidos e imágenes las condiciones para que pueda seguir existiendo lo intangible.

Mónica Martz M
