La fotografía de autor sobre el Pedregal se concibe como un portafolio visual que trasciende la simple documentación geográfica para adentrarse en la contemplación estética y poética del espacio. A través de la visión de Mónica Martínez, el terreno volcánico, se convierte en una escultura viva, que revela la profundidad de las grietas y la fuerza con la que la vida vegetal se abre paso entre la petrificación. Estas miradas de la piedra y el territorio invitan al espectador a reinterpretar la memoria del paisaje del sur del Valle de México. Cada imagen funciona como un testimonio que dialoga entre la permanencia de la roca y la fragilidad del ecosistema como un archivo gráfico donde el arte y la naturaleza se encuentran para preservar la identidad de este espacio












