Entre la fotografía, el cine, la literatura y la investigación histórica, la obra de Leandro Katz construye un territorio donde las imágenes dejan de ser registros para convertirse en dispositivos críticos de la memoria latinoamericana.

¿Qué puede revelar una imagen que no sea visible a primera vista? ¿Cómo se transforma una fotografía cuando dejamos de observarla como un documento y comenzamos a interrogar las circunstancias históricas, políticas y culturales que hicieron posible su existencia? En la obra de Leandro Katz, artista visual, cineasta y escritor argentino, estas preguntas atraviesan décadas de experimentación y encuentran una expresión singular en el cruce entre imagen, lenguaje y memoria.
La exposición antológica Leandro Katz. La noche y las palabras, presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, propone un recorrido por medio centenar de obras y un amplio conjunto de materiales documentales que permiten aproximarse a una trayectoria desarrollada desde la década de 1960. Con curaduría de Mariana Marchesi y Francisco Lemus, la muestra reúne instalaciones, fotografías, películas, dibujos, grabados, publicaciones y archivos que se presentan conjuntamente por primera vez.
La exposición propone reconocer las obsesiones que reaparecen a lo largo de la producción de Katz, América Latina, las relaciones entre arte e historia, las transformaciones políticas de la región, los límites del lenguaje y las distintas formas de representar el tiempo. En ese desplazamiento, la obra del artista invita a pensar la imagen como un espacio de investigación. Fotografiar, filmar, dibujar o escribir son operaciones complementarias que permiten interrogar aquello que la historia conserva, aquello que olvida y aquello que permanece abierto a nuevas interpretaciones.

Nacido en Buenos Aires en 1938, Leandro Katz desarrolló una trayectoria internacional que desborda las fronteras entre disciplinas artísticas. Su práctica combina procedimientos de la fotografía y el cine con la investigación documental, la poesía visual y el trabajo con archivos. Esta multiplicidad constituye una manera de abordar problemas que difícilmente podrían agotarse mediante un solo lenguaje.
En sus obras, las imágenes suelen funcionar como puntos de partida para una investigación más amplia. Una fotografía puede conducir hacia un acontecimiento histórico; una película puede examinar la circulación de una imagen célebre; una serie de dibujos puede explorar las relaciones entre escritura, percepción y temporalidad. El sentido el objeto visual emerge de las conexiones que se establecen entre imágenes, documentos y relatos.
Esta forma de trabajar cuestiona la transparencia de los medios visuales, donde una fotografía aparece como una evidencia inmediata, pero siempre implica una selección, implica a que alguien decide qué registrar, desde dónde mirar, qué dejar fuera del encuadre y bajo qué condiciones una imagen llega a sus espectadores. El documento visual necesita ser situado, contrastado e interpretado. Katz trabaja precisamente en ese espacio de incertidumbre. Sus investigaciones permiten observar cómo las imágenes participan en la construcción de la memoria colectiva y cómo su significado puede modificarse cuando se las confronta con otros documentos.

Uno de los núcleos más de la trayectoria de Katz es El día que me quieras, proyecto cinematográfico y de investigación dedicado a la fotografía del cuerpo de Ernesto Che Guevara realizada por el fotógrafo boliviano Freddy Alborta en 1967, después de la ejecución del revolucionario en Bolivia. La fotografía de Alborta se convirtió en una de las imágenes políticas más reconocibles del siglo XX. Su composición, que presenta el cuerpo de Guevara rodeado de militares y otras figuras, ha sido relacionada con representaciones históricas y religiosas de la muerte. Su circulación posterior transformó un registro de un acontecimiento concreto en una imagen cargada de significados ideológicos, culturales y simbólicos.
Katz no se limita a reproducir esa fotografía ni a utilizarla como ilustración de un relato conocido. Su investigación se dirige hacia las condiciones que rodean la producción y la circulación de la imagen, planteándonos quién la realizó, cómo fue observada, de qué manera se difundió y qué asociaciones se construyeron a su alrededor. El proyecto desplaza así la atención del acontecimiento fotografiado hacia la historia de su representación. La imagen deja de ser únicamente el testimonio de una muerte y se convierte en un objeto cultural cuya interpretación continúa transformándose con el tiempo.
Esta operación resulta relevante en una cultura visual dominada por la repetición. Las imágenes históricas circulan con tanta frecuencia que pueden terminar perdiendo parte de su complejidad. Reconocemos sus formas, sus personajes y sus asociaciones más inmediatas, pero dejamos de preguntarnos por los mecanismos que las convirtieron en símbolos. Al volver sobre la fotografía de Alborta, Katz interrumpe esa familiaridad. Nos obliga a mirar nuevamente una imagen que creíamos conocer y a reconocer que detrás de su aparente estabilidad existe una historia de usos, apropiaciones e interpretaciones.

La relación de Katz con América Latina atraviesa tanto sus investigaciones históricas como sus exploraciones formales. El continente aparece como un espacio de circulación de relatos, conflictos, memorias y formas de conocimiento. En este sentido, El Proyecto Catherwood constituye una investigación que dialoga con el trabajo del dibujante y explorador Frederick Catherwood, conocido por sus representaciones de sitios arqueológicos mayas durante el siglo XIX. Al recuperar esa tradición de registro, Katz establece conexiones entre la mirada del explorador, la producción de conocimiento sobre las culturas americanas y las formas en que el pasado prehispánico ha sido representado y transmitido.
La cuestión consiste en examinar los dispositivos mediante los cuales una cultura interpreta a otra. Dibujar, fotografiar y documentar son prácticas que producen conocimiento, pero también organizan la mirada y condicionan aquello que puede reconocerse como patrimonio, historia o identidad. El archivo adquiere aquí una dimensión política. Los documentos proceden de contextos específicos y llevan consigo las huellas de las instituciones, los intereses y las perspectivas que contribuyeron a producirlos.
La investigación artística permite volver sobre esos materiales desde preguntas contemporáneas. En lugar de aceptar el archivo como una fuente cerrada, lo convierte en un territorio donde las relaciones entre pasado y presente pueden revisarse continuamente.
En otras series, Katz desplaza la atención hacia la escritura y sus posibilidades plásticas. Alfabetos lunares y Columnas del lenguaje exploran las relaciones entre signos, formas y sistemas de representación. Las letras dejan de funcionar exclusivamente como vehículos de significado verbal y adquieren una presencia visual que modifica nuestra manera de percibirlas. El lenguaje aparece entonces como una construcción material. Las palabras son observadas, organizadas, fragmentadas y convertidas en estructuras espaciales. La escritura se aproxima al dibujo y la imagen se relaciona con la lectura, estableciendo una zona de intercambio entre disciplinas.

Esta investigación permite pensar la comunicación como un proceso que no se reduce a la transmisión de información. Antes de comprender una palabra, reconocemos su forma; antes de interpretar un documento, nos encontramos con una superficie, una disposición espacial y una organización de signos. La obra de Katz recuerda que todo sistema de escritura posee una dimensión visual y que toda imagen, incluso cuando parece autónoma, participa de estructuras culturales de significación.
La temporalidad constituye otro eje de la exposición. En obras como Un viaje en canoa, Veinte segundos en la vida de una palmera y La caída, Katz explora las posibilidades de la fotografía para registrar movimientos, transformaciones y acontecimientos cuya duración desafía la percepción cotidiana. La muestra incorpora también películas como Estación Los Ángeles (1970), Notas lunares (1980), La ventana de Judas (1982) y Paradox (2001). Estas piezas muestran que la imagen fragmenta al tiempo, lo dilata y reorganiza, haciendo perceptibles aspectos de la experiencia que suelen pasar inadvertidos.
En la fotografía, el instante registrado parece quedar separado del flujo temporal. Sin embargo, una serie de imágenes, una secuencia cinematográfica o una instalación modifican esa percepción y muestran que el tiempo también se construye mediante repeticiones, intervalos y diferencias. La obra de Katz nos invita a reconsiderar la relación entre registro y duración. Una imagen conserva la huella de un momento, pero su significado se transforma cada vez que vuelve a ser observada. El pasado permanece materialmente presente en la fotografía, aunque las condiciones desde las cuales lo interpretamos cambien. Esta tensión entre permanencia y transformación atraviesa también el archivo. Conservar un documento no significa inmovilizar su sentido. Por el contrario, su permanencia permite que nuevas generaciones lo interroguen desde otros contextos históricos y culturales.

En La noche y las palabras propone entenderse como aquello que limita la visión inmediata, mientras las palabras ofrecen herramientas para nombrar, organizar y transmitir lo que no resulta completamente visible. En la obra de Katz, esa relación no conduce a una resolución, donde la imagen no elimina la incertidumbre, ni la palabra consigue explicar por completo aquello que aparece ante nosotros. Ambas funcionan como instrumentos de aproximación a una realidad que permanece abierta.
La exposición reúne distintas etapas de una trayectoria que ha hecho de esa apertura una forma de trabajo. Las obras se presentan como partes de una investigación que retorna una y otra vez sobre determinados problemas sin agotarlos.
Katz propone detenerse, investigar y establecer conexiones. Su trabajo muestra que una imagen es simultáneamente un registro, una construcción cultural y un campo de disputa por la memoria.
La fotografía de un acontecimiento político, el dibujo de un alfabeto, una película experimental o un documento de archivo participan de una misma búsqueda, la de explorar cómo producimos sentido a través de las imágenes y cómo estas intervienen en nuestra comprensión del pasado.
