
Argentina, 2024, 89 min.
D, G y F en C: Manuel Embalse.
Las ruinas nuevas es una arqueología del presente. Manuel Embalse dirige la mirada hacia aquello que sostiene silenciosamente la cultura digital: los restos materiales, los circuitos desechados y las geografías invisibles donde termina la promesa de la innovación. En una de las propuestas más incisivas del 45 Foro Internacional de Cine, el ensayo audiovisual se convierte en una herramienta para pensar el capitalismo tecnológico desde sus ruinas.
Vivimos rodeados de pantallas que prometen velocidad, conectividad e inmaterialidad. La cultura digital se presenta como un universo limpio, intangible y permanentemente renovado, donde cada actualización parece borrar la existencia de la anterior. Sin embargo, toda tecnología produce restos. Detrás de la aparente transparencia de los dispositivos existe un inmenso territorio de residuos, minerales extraídos, circuitos descartados y cuerpos que ensamblan o desmantelan aquello que consumimos cotidianamente.
Presentada en el 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, la película se sitúa deliberadamente en un lugar fronterizo entre el documental, el cine experimental y la especulación propia de la ciencia ficción. No busca construir una investigación periodística sobre la basura electrónica ni ofrecer respuestas concluyentes. Su propósito es pensar qué revela el destino de nuestros dispositivos acerca de la civilización que los produce.

Las preguntas que organizan la película son ¿A dónde viajan los aparatos cuando dejan de funcionar? ¿Quién los fabrica? ¿Quién desmonta sus componentes? ¿Qué historias permanecen atrapadas en esos circuitos que desechamos con la misma rapidez con la que adquirimos nuevos modelos? Cada una de estas interrogantes desplaza el foco desde el objeto tecnológico hacia las relaciones económicas, políticas y afectivas que lo hacen posible.
Embalse construye su reflexión mediante una estructura ensayística donde las imágenes, el sonido y la escritura dialogan libremente. La película avanza como un diario de pensamiento, permitiéndose divagar, asociar ideas y abrir caminos inesperados. El montaje propone una experiencia de exploración donde cada fragmento amplía el campo de preguntas en lugar de clausurarlo.
Uno de los aspectos más sugerentes del filme es la manera en que convierte la basura electrónica en un objeto arqueológico.

Tradicionalmente, la arqueología ha excavado las ruinas de civilizaciones antiguas para reconstruir sus modos de vida. Las ruinas nuevas invierte esa lógica, observa los residuos del presente como si ya pertenecieran a un pasado remoto. Los teléfonos, computadoras y componentes electrónicos aparecen entonces como vestigios de una cultura que produce obsolescencia a una velocidad inédita.
La ciencia ficción atraviesa la película como un método de pensamiento. Embalse contempla el presente desde una mirada extrañada, como si un arqueólogo del futuro intentara comprender qué significaban estos objetos para una civilización desaparecida. Ese desplazamiento temporal permite observar la cultura digital desde una distancia crítica y descubrir el carácter material de aquello que solemos considerar virtual.
La dimensión sonora ocupa un lugar decisivo en esta experiencia. El trabajo desarrollado por el Grupo Perdido construye una atmósfera donde los ruidos electrónicos, las texturas industriales y los silencios participan activamente en la elaboración del pensamiento cinematográfico. El sonido expande a las imágenes, haciendo perceptible la vida secreta de las máquinas y sus residuos.

La trayectoria de Manuel Embalse ayuda a comprender esta aproximación. Cineasta, músico, diseñador sonoro y arqueólogo amateur, su práctica artística se caracteriza por la constante contaminación entre disciplinas. Como integrante del colectivo Antes muerto cine, ha desarrollado un cine documental que entiende el ensayo audiovisual como un espacio de experimentación política y estética. Las ruinas nuevas representa una consolidación de esa búsqueda al convertir la reflexión filosófica en una experiencia sensorial.
Dentro del 45 Foro Internacional de Cine, la película establece un diálogo con otras obras interesadas en el archivo y la memoria. Sin embargo, mientras muchas de ellas recuperan fotografías, documentos o testimonios humanos, Embalse propone ampliar la noción misma de archivo. La basura electrónica aparece como un archivo involuntario del capitalismo contemporáneo, como un depósito donde quedan inscritas las formas de producción, consumo y desecho que organizan nuestra vida cotidiana.
La película también cuestiona una de las grandes ficciones de la modernidad tecnológica, cuestiona la idea de que el progreso implica la desaparición de la materia. Cada innovación genera nuevas capas de residuos; cada dispositivo «inteligente» deja tras de sí una geografía de extracción minera, trabajo precarizado y contaminación ambiental. Las ruinas del siglo XXI ya no son templos derruidos ni ciudades abandonadas, son placas madre, baterías de litio, pantallas rotas y montañas de circuitos electrónicos.
Las ruinas nuevas dialoga con una tradición del ensayo cinematográfico que utiliza la imagen para pensar el mundo antes que para representarlo. Su apuesta consiste en transformar aquello que normalmente permanece fuera de campo en el verdadero protagonista del relato. Allí donde la publicidad celebra la innovación, Embalse encuentra sedimentos, restos y memorias materiales.
En una época obsesionada con la novedad, Las ruinas nuevas propone un ejercicio contrario, deteniéndose a observar lo que dejamos atrás. Su cine recuerda que toda cultura puede leerse a través de los objetos que desecha y que, quizás, el verdadero retrato de nuestra civilización no se encuentre en las pantallas que admiramos, sino en los vertederos donde terminan sus promesas.
