Antes de nosotros, hubo fuego.
La tierra se abrió y el volcán Xitle transformó el paisaje.
La lava avanzó, cubrió la tierra y dejó tras de sí un territorio de piedra.
Pero el fuego no fue solamente destrucción. También fue origen.
Con el paso del tiempo, entre las grietas de la lava volvió a aparecer la vida.
Una planta. Un insecto. Un ave. Una raíz buscando espacio entre la piedra.
Así comenzó otra historia. La historia de un ecosistema único, nacido de una transformación que ocurrió hace miles de años y que todavía permanece frente a nosotros.
El Pedregal nos recuerda que la naturaleza no permanece quieta. Se transforma. Resiste. Se adapta. Y guarda memoria. Cada piedra es huella. Cada grieta contiene la posibilidad de algo que todavía está naciendo.
Caminar por el Pedregal es también caminar sobre el tiempo, tiempo que se mide en capas de tierra, fuego y vida.
Cuidar los espacios que nos contienen es comprender que somos parte de él. Preservarlo es permitir que aquello que nació del fuego continúe transformándose. proteger la naturaleza también es proteger nuestra capacidad de recordar.
Cómo podemos aprender a escuchar estos vestigios de memoria?. Observando sus piedras. Reconociendo sus formas de vida. Entendiendo que incluso aquello que parece inmóvil está vivo y esta cambiando.

origen geólogico, la erupción y la formación del paisaje volcánico

flora y fauna endémica, el ecosistema único del Pedregal

portafolio visual, miradas artísticas de la piedra y el territorio
El Pedregal nació del fuego. Conservemos viva su memoria
Y ahora somos nosotros quienes debemos decidir si esa memoria continúa viva.
Pedregal: memoria de fuego.
Territorio vivo, para observar, preservar y aprender a habitar
