
En América Latina, hacer radio nunca ha sido solamente transmitir sonidos. Desde sus primeras experiencias comunitarias, la radio ha funcionado como una forma de organización, educación, memoria y disputa por la palabra. Allí donde los grandes medios han construido relatos homogéneos sobre la realidad, las radios independientes, comunitarias, populares y alternativas han abierto espacios para que otras voces puedan aparecer, circular y reconocerse. Su importancia reside en quiénes hablan, desde dónde lo hacen y qué formas de escucha son capaces de producir.
La historia de la radio latinoamericana está atravesada por esta tensión. María de la Cruz Tornay Márquez señala que las radios comunitarias surgieron estrechamente vinculadas con las luchas de los sectores populares por la emancipación, particularmente en contextos caracterizados por una fuerte concentración de los medios de comunicación. Frente a escenarios mediáticos dominados por intereses económicos y políticos, estas emisoras constituyeron formas de apropiación de las herramientas de comunicación por parte de comunidades históricamente excluidas.
Esta historia nos permite entender que una radio independiente no está determinada por la cantidad de audiencia ni por la potencia de su transmisor, sino por la posibilidad de construir otras relaciones entre comunicación, comunidad y conocimiento.
La radio comunitaria latinoamericana es un espacio para la palabra, ya que ha transformado al radioescucha en participante. José Ignacio López Vigil recuerda que la audiencia históricamente ha buscado dejar de ser únicamente receptora para convertirse en “radiohablante” y, eventualmente, en productora y administradora de sus propios medios.

Este desplazamiento contiene una profunda dimensión política. Quien habla públicamente adquiere una presencia social distinta. La radio puede convertirse así en un espacio donde una experiencia individual se transforma en experiencia colectiva, en una denuncia, en una memoria familiar, en una lengua, en una canción, en una historia local, donde un conflicto territorial deja de pertenecer exclusivamente al ámbito privado para ingresar en el espacio común.
En este sentido, la radio latinoamericana ha sido también una herramienta pedagógica. Desde experiencias como Radio Sutatenza en Colombia, la transmisión radiofónica fue utilizada para llevar educación a territorios donde las instituciones escolares tenían una presencia limitada. Posteriormente, las radios populares incorporaron metodologías inspiradas en la educación popular, donde la participación dejó de ser un complemento para convertirse en parte central del proceso comunicativo.
Las radios comunitarias han permitido preservar lenguas, relatos, músicas, mitologías y memorias que difícilmente encontraban lugar en los medios dominantes. En distintos territorios indígenas de América Latina, la radio ha contribuido a fortalecer lenguas originarias y a registrar conocimientos transmitidos oralmente entre generaciones. La transmisión sonora funciona entonces como una forma de archivo vivo.
La radio comunitaria nos permite luchar contra el monopolio de la realidad, ya que toda estructura mediática implica una política de la visibilidad. Lo que aparece, lo que desaparece, lo que se repite y aquello que nunca alcanza los micrófonos forma parte de una arquitectura del poder.

Por eso, las radios independientes son tan importantes en América Latina, ya que nos permiten disputar ese poder dentro de esta arquitectura.
Estas iniciativas ha sido significativas en contextos de crisis política, violencia, desigualdad y censura. Reporteros Sin Fronteras ha señalado que las radios comunitarias desempeñan un papel social y democrático en la región, aunque continúan siendo particularmente vulnerables a presiones políticas, violencia, crimen organizado y precariedad económica.
Pensemos en cómo la fragilidad de estos medios no disminuye su importancia; por el contrario, nos revela las condiciones materiales necesarias para que exista pluralidad. Una democracia no consiste únicamente en la existencia de elecciones o instituciones. También depende de la posibilidad de producir discursos, contrastar narrativas, expresar desacuerdos y construir espacios donde una comunidad pueda pensarse a sí misma. En ese sentido, la radio independiente constituye una infraestructura cultural de la democracia. Su función puede ser informativa, pero también crítica, educativa, artística y afectiva. Puede servir para denunciar una injusticia, pero también para imaginar una realidad diferente.
Debemos pensar desde la escucha, ya que escuchar implica atención, espera, interpretación y disposición hacia aquello que todavía no comprendemos. Frente a la velocidad de las plataformas digitales, los algoritmos de recomendación y la circulación permanente de imágenes, la experiencia radiofónica nos obliga a relacionarnos con un espacio que no vemos, nos empuja a crear escenarios desde la imaginación. Es allí donde el sonido nos produce imágenes mentales, donde el silencio nos produce expectativa, el ruido nos invoca la incertidumbre, dejándonos ante una voz que nos puede transportar a una memoria que rebasa a cualquier imagen. Es por esta razón que las radios independientes son también laboratorios de pensamiento. En ellas caben formatos que los medios comerciales difícilmente sostienen, también encontramos conversaciones extensas, poesía, experimentación sonora, archivos, testimonios, música no comercial, investigación, improvisación, arte radiofónico y formas híbridas de creación.
La llegada de Internet no eliminó esta posibilidad de comunicarnos, la transformó y es allí donde la radio pudo comenzar a existir simultáneamente como transmisión, archivo, podcast, streaming y red internacional. Como observa la cobertura de Voz de América sobre la evolución del medio en América Latina, el consumo radiofónico se ha desplazado progresivamente hacia plataformas digitales y formatos bajo demanda, mientras las audiencias adquieren también un papel más activo como productoras de contenidos. Esta transformación tecnológica permite imaginar la radio como una red de escuchas.

En este contexto aparece una pregunta ¿qué ocurre cuando la radio deja de ser solamente un medio para transmitir contenidos y se convierte en una práctica artística?
La respuesta la encontramos donde la transmisión deja de ser un recipiente neutral, donde la forma de transmitir se convierte en parte de la obra artistica. El ruido, la interferencia, el glitch, la voz, el silencio, la improvisación y el paisaje sonoro son en este sentido herramientas de pensamiento.
Es en este territorio donde se sitúa Zona Fantasma, programa creado desde Zona de Riesgo por Bruno Bresani y Mónica Martz M, y transmitido por Radio Nopal. El proyecto parte de una concepción de la radio como espacio de reflexión y creación artística, donde sonido, cuerpo, poesía, memoria y tecnología se encuentran. Su propuesta incorpora arte sonoro, spoken word, paisaje acústico, entrevistas, ruido, archivos intervenidos y experimentación vocal para construir una experiencia cercana al performance y al antiarchivo.
Zona Fantasma busca pensar a través del sonido, dejándonos donde la forma radiofónica se convierte en una extensión de los contenidos que aborda. Si se habla de memoria, la transmisión se fragmenta, si se habla de tecnología, aparece el error en los dispositivos, si se habla del cuerpo, la voz y la respiración adquieren presencia, si se habla de resistencia, el ruido se convierte en lenguaje.

En su primera emisión del programa, dedicada a “Glitch y memoria”, la conversación abordó precisamente la relación entre error, archivo y reconstrucción de la memoria. La intervención del glitch aparece allí como una posibilidad de transformación, como una forma de interrumpir la continuidad y producir otras relaciones entre pasado y presente.
En la segunda emisión el programa se enfoco en “El cuerpo como interfaz”, en el cual la discusión se desplazó hacia las relaciones entre cuerpo, tecnología, programación, sensores, imagen y sonido. En ese universo el cuerpo dejó de entenderse como un objeto frente a la tecnología para ser pensado como parte activa de un sistema de producción sensible.
Estos desplazamientos son significativos porque muestran cómo una radio independiente puede construir una agenda cultural que no depende necesariamente de la actualidad inmediata. La radio independiente puede detenerse, especular, equivocarse y escuchar.
Es allí donde el ruido también nos lleva a pensar y aun más en una época dominada por sistemas que buscan optimizar la información, ordenar las preferencias y predecir el comportamiento de las audiencias. Debemos reivindicar al ruido como una dimensión política, ya que el ruido es aquello que no termina de acomodarse, es la interferencia, el exceso, es la señal que todavía no ha sido clasificada.

Una radio experimental trabaja precisamente en este territorio, produciendo espacios donde la comunicación se completa desde la reflexión del oyente, donde la escucha interpreta e interpela las narrativas, relaciona las ideas y los fragmentos del discurso planteado.
Esta operación es pertinente cuando pensamos en y desde América Latina, un territorio marcado por memorias fragmentadas, archivos incompletos, desplazamientos, migraciones, violencias, lenguas diversas y narrativas históricas en permanente disputa.
En ese contexto, una radio independiente no tiene que aspirar a representar una totalidad. Puede, en cambio, hacer aparecer fragmentos, voces, canciones incompletas, testimonios, ruidos, grabaciones de campo, sonidos de respiraciones, silencios, crear una interferencia y construir una comunidad de las escuchas.
En este sentido proyectos como Sur Aural han desarrollado precisamente esta relación entre escucha, memoria, territorio y resistencia, planteando el sonido como una forma de conocimiento y la transmisión radiofónica como extensión de un espacio colectivo de encuentro. De manera paralela, iniciativas de radioarte como POSVERSO muestran que la radio contemporánea puede funcionar como lenguaje artístico, dispositivo crítico y territorio de memoria e imaginación pública, articulando redes internacionales de artistas, investigadores y experimentadores.

La radio deja entonces de ser únicamente un aparato, se convierte en un territorio.
Defender la importancia de las radios independientes implica también reconocer su precariedad, debemos construir comunidad desde esta precariedad ya que la independencia tiene un costo.
Los medios pequeños suelen depender de modelos económicos frágiles y de comunidades reducidas que sostienen su existencia mediante trabajo voluntario, colaboraciones, donaciones, suscripciones, proyectos culturales y múltiples formas de autogestión. La sostenibilidad constituye uno de los grandes desafíos de los medios independientes latinoamericanos, que han tenido que desarrollar estrategias creativas y diversificar sus fuentes de ingreso para sobrevivir.
Esto produce una paradoja, ya que precisamente porque estos medios no cuentan con los recursos de los grandes conglomerados, pueden experimentar con otras formas de producción. Pero esa libertad relativa también está amenazada por la falta de recursos. Por eso defender las radios independientes significa defender las condiciones materiales que permiten que existan, defender su tiempo, sus archivos, sus equipos, sus frecuencias, sus espacios de encuentro, sus creadoras y creadores y, sobre todo, el derecho colectivo a producir otros universos otras forma de comunicación.

Es en estas otras formas donde nos encontramos con una política de la escucha para la cual debemos cuestionarnos qué puede hacer la escucha que las plataformas digitales y convencionales no hacen.
Recordemos que las plataformas buscan nuestra atención, nos clasifican, nos enajenan para predecir nuestros gustos y consumirnos, mientras que la radio nos pide nuestra escucha, nos permite crear desde la mezcla de horizonte, para construir comunidades, es en este diálogo que la radio independiente nos ofrece aquello que todavía no sabemos que queremos. Esta diferencia es profundamente política.
Escuchar al otro implica aceptar que no todo puede ser reducido a una métrica, una categoría o una recomendación algorítmica. Implica reconocer que existen voces que no son rentables, músicas que no son tendencia, investigaciones que no generan clics, memorias que no caben en una publicación y preguntas que necesitan tiempo.
Por eso proyectos como Zona Fantasma son importantes. No porque pretendan competir con los grandes medios, sino porque construyen otra escala de valor. Su objetivo no es necesariamente alcanzar a todos, es encontrar a quienes quieren escuchar y en ese gesto aparentemente pequeño se encuentra una posibilidad política enorme.

Una comunidad comienza con unas cuantas voces alrededor de un micrófono, un pensamiento comienza con una conversación, una memoria comienza con un sonido, una resistencia comienza cuando alguien decide transmitir aquello que de otro modo permanecería fuera del aire.
En América Latina, la historia de las radios independientes demuestra que la comunicación nunca ha sido un territorio neutral. Desde las radios populares y comunitarias hasta las actuales plataformas digitales, la disputa por la palabra continúa siendo una disputa por la posibilidad de imaginar colectivamente el mundo.
Zona Fantasma se inscribe en esa historia desde la experimentación, el arte y la escucha. Su apuesta consiste en convertir la transmisión en un espacio donde el pensamiento suena, donde el error se convierte en lenguaje y donde el ruido abre una grieta en las formas convencionales de comunicar.
Una radio independiente es aquella que consigue abrir un espacio para que algo todavía no pensado pueda ser escuchado.
Referencias
Tornay Márquez, María de la Cruz. “Radios comunitarias en América Latina, una historia de las luchas populares de un continente”. Historia Actual Online, núm. 54, 2021, pp. 53–62.
https://historia-actual.org/Publicaciones/index.php/hao/article/view/2005
López Vigil, José Ignacio. “La radio en la América Latina. Seis aportes al desarrollo”. Revista Cubana de Pensamiento Socioteológico, 2012.
https://revista.ecaminos.org/la-radio-en-la-america-latina-seis-aportes-al-desa
Reporteros Sin Fronteras. “Radios comunitarias en América Latina, un medio esencial y frágil al servicio de la población”.
https://rsf.org/es/radios-comunitarias-en-am%C3%A9rica-latina-un-medio-esencial-y-fr%C3%A1gil-al-servicio-de-la-poblaci%C3%B3n
American Archive of Public Broadcasting. “Los orígenes de la radio comunidad latina”. Empoderamiento latino mediante la radiodifusión pública.
https://americanarchive.org/exhibits/empoderamiento-latino/2-los-origines-de-la-radio-communidad-latina
LatAm Journalism Review. “Medios de comunicación independientes en América Latina se están volviendo creativos para sobrevivir”.
https://latamjournalismreview.org/es/articles/medios-de-comunicacion-independientes-en-america-latina-se-estan-volviendo-creativos-para-sobrevivir/
Voz de América. “De la onda corta al ‘streaming’: ¿Cómo ha evolucionado la radio en América Latina?”.
https://anarcich.cl/web/de-la-onda-corta-al-streaming-como-ha-evolucionado-la-radio-en-america-latina/
Radio Nopal.
https://www.radionopal.com/
Zona de Riesgo. “Zona Fantasma”.
https://zonaderiesgo.art/2026/08/03/zona-fantasma/
Zona de Riesgo. “Zona Fantasma 1: Glitch y memoria”.
https://zonaderiesgo.art/2026/08/03/zona-fantasma-1-glitch-y-memoria/
Zona de Riesgo. “Zona Fantasma 2: El cuerpo como interfaz”.
https://zonaderiesgo.art/2026/08/28/zona-fantasma-2-el-cuerpo-como-interfaz/
Zona de Riesgo. “Sur Aural: rituales de re-existencia y la escucha como territorio”.
https://zonaderiesgo.art/2026/08/13/sur-aural-rituales-de-re-existencia-y-la-escucha-como-territorio/
Zona de Riesgo. “POSVERSO Radioarte: una cartografía mundial de la escucha”.
https://zonaderiesgo.art/2026/08/13/posverso-radioarte-una-cartografia-mundial-de-la-escucha/
